TRAS la muerte de 15 palestinos, mucho de ellos civiles incluidos bañistas que tomaban el sol en una playa y tres niños de una misma familia, Hamás anunció que 'suspende' la tregua que observaba desde año y medio con Israel y disparó salvas de cohetes artesanales y obuses de mortero sobre suelo israelí.
El ataque de la artillería naval israelí contra la playa ha conmovido al mundo y merecido severos comentarios en Occidente y la reprobación de de Washington. El ministro israelí de Defensa, sin esperar la prometida encuesta profesional sobre lo que se tiene por un error injustificable, envió un sentido mensaje al presidente palestino y prometió medidas para evitar actos semejantes. Pero tal vez es tarde, incluso asumiendo que no fue un ataque deliberado.
En términos propiamente políticos llama la atención que Israel ha arreciado en sus ataques coincidiendo con la audaz decisión de Abbas, un moderado apoyado por Occidente, de convocar un referéndum para que los palestinos dictaminen si quieren negociar con Israel -reconocido de paso- un Estado en las fronteras de 1967 o mantener el programa máximo de rehusar la existencia estatal de Israel y liberar 'toda Palestina'. Si el Gobierno israelí quería dificultar la tarea de Abbas no podía hacerlo mejor.
Un primer golpe ya indicaba el rumbo: el jueves fue objeto de un asesinato selectivo el director general de la Policía, Yamal Abu Samhadana, buscado por la Seguridad israelí por involucrado en algunos ataques y graves atentados en el pasado, pero que era ahora un alto funcionario cuyo asesinato solo podría tener negativas consecuencias sobre el conjunto. Y así fue: en sus multitudinarios funerales el viernes muchas pancartas pedían a Abbas que olvidara el referéndum.
La consulta en estas circunstancias es más aleatoria aunque, si llega a celebrarse, lo que no es seguro en absoluto, dará la victoria al sí. Poco importará porque Israel, por fin de modo explícito, ha hecho saber que no le interesa en absoluto. «Carece de todo significado para nosotros», ha dicho el primer ministro Olmert, cuyo plan es mantener una política unilateral de pretendida solución territorial. Abbas está al borde del abismo y su eventual fracaso, con la curiosa contribución israelí, será otra vez el de la esperanza en una salida pactada.