María Rosa Valdés está triste, y no lo oculta. «Después de 24 años, me puedo quedar sin nada, no es justo», comenta con la voz quebrada. Rosa vive en Virgen del Camino (León), pero cada domingo viaja con su furgoneta a Oviedo para instalar su puesto en el rastro de El Fontán. Ayer también lo hizo, aunque en lugar de castañas y nueces, esta vez trajo camisetas. Y no pudo esperar hasta el cierre del mercado, se fue muy pronto porque, en sus palabras, «estaba mal, no podía soportar toda esa presión».
La nueva ordenanza reguladora del mercado de diario y el rastro prohíbe la venta de productos alimenticios como los frutos secos de Rosa, por eso ella ha pedido un cambio de mercancía; quiere mantener su puesto a toda costa. «Hace nueve años vendía cerezas y ciruelas, y prohibieron vender fruta, y ahora me encuentro con esto, un estatuto aprobado por una asociación que crees que te defiende, pero que no hace nada por ti», lamenta.
Su descontento con la asociación de vendedores de El Fontán no acaba ahí: «¿Por qué para los que venden ropa de segunda mano, que tendría que estar en bolsas individuales y su recibo de la tintorería, hay manga ancha y para mí y la señora mayor que vendía pan no la hay? Eso es lo que más me duele, que encima me digan que para 20 hay manga ancha y para dos, no». Cree que el colectivo no ha defendido sus derechos y teme que la expulsen de la asociación «por un acto de rebeldía».
Hoy sabrá de boca del presidente de la asociación si la petición de cambio de mercancía para su puesto ha sido aceptada. «Dicen que cambie de productos, como si fuera fácil. Yo vivo de esto, sé vender esto y a lo mejor con lo otro me va mal. ¿Tengo 52 años y ahora voy a tener que empezar de cero!», explica la vendedora. Pese al miedo al cambio, sostiene que está «dispuesta a seguir luchando por mantener el puesto».
En lugar de frutos secos, en el espacio ocupado habitualmente por María Rosa se vendían ayer cuadernos, camisetas y mochilas para niños. La comerciante cree que se reciclará en vendedora de bisutería y ropa. «No quisiera dejar de ir a Oviedo, es parte de mi vida», zanja.