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Lunes, 12 de junio de 2006
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Por primera vez en lo que va de legislatura el Gobierno dice que se plantea el adelanto de las elecciones generales, previstas para el año 2008. La causa de la anticipación estaría en la dificultad para llevar adelante el llamado proceso de paz sin contar con el apoyo del PP. Zapatero buscaría en las urnas el aval para la negociación con ETA y Batasuna, de modo que la temática electoral quedaría reducida a ese asunto, dejando el reparto de escaños en manos de dar un 'sí' o un 'no' al llamado proceso de paz.

Es evidente, aunque el Gobierno no lo haya reconocido hasta ahora, que el enfrentamiento radical entre PSOE y PP, dos grupos que acaparan cerca del 90% de los escaños, impide prolongar esta legislatura por más tiempo. Si hubiera un tercer partido con importante implantación parlamentaria cabría establecer una alianza estable que pusiera al Gobierno al abrigo de la crítica opositora, pero los grupos nacionalistas que apoyan a Zapatero cuentan con muy pocos diputados. Si a eso añadimos que el PP recurre a la movilización social, habrá que recapitular que el adelanto electoral no carece de lógica.

Ahora bien, una cosa es que el Gobierno se vea empujado a las urnas y otra que salga mal parado de ellas. Al contrario. Rodríguez Zapatero tiene algunas razones para mirar con optimismo una convocatoria adelantada, porque podrá insinuar que el voto al PP conllevaría la ruptura de la tregua de ETA y la reanudación de la táctica del tiro en la nuca. Vivimos en una sociedad demasiado acomodaticia (con libros de texto gratis) como para esperar que la gente asuma actitudes heróicas y prefiera la honra a los barcos. La multitudinaria manifestación del sábado en Madrid no creo que sea representativa de la mayoría del cuerpo electoral.

Los ciudadanos que un sábado de sol, calor y partidos televisados optan por concentrarse en protesta por la negociación con ETA constituyen un grupo muy respetable, incluso, admirable, pero es dudoso que respondan a la tipología del votante medio. Zapatero puede adelantar las elecciones sabiendo que el impulso de la economía española todavía no ha desfallecido y que la negociación con ETA está en el momento más dulce, cuando la ciudadanía todavía no está en condiciones de visualizar los costes.



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