SE mareó Ronaldo. Entre sus problemas de peso, el calor alemán, la presión mediática y la popular, sobre todo la de los aficionados brasileños, y los cuatro goles de España a Ucrania es lógico que Ronaldo tenga mareos, pero todos tranquilos porque sólo son eso, mareos.
A diferencia de otros Mundiales, la concentración de la selección española es muy diferente a las de anteriores grandes citas del universo balompédico. Antes eran más animadas, sobre todo cuando el seleccionador era Javier Clemente, especialista en dar caña a todo el que se moviera demasiado, pero en tierras germanas el único que da que hablar es David Villa y lo hace por los goles que marca.
Habría que fijarse en otros combinados nacionales para no tomar ejemplo. Primero, los brasileños y entre ellos el pobre Ronaldo que a todas sus controversias une ahora que está mareado. Después los suecos, que andan a tortas entre ellos y que deben reunirse para dejar durante los noventa minutos de cada partido aparcadas en la puerta del estadio sus diferencias para retomarlas a la salida. Incluso en la selección francesa Zidane parece que ha sacado los pies del tiesto.
¿Y lo de Togo? Tiene un seleccionador que lo mismo se marcha, se queda, le destituyen, vuelve y, al final, hasta algún alto cargo de su delegación le tilda de alcohólico. En el conflicto de la selección togolesa la intervención de Fauré Nasingbe resultó decisiva para que los futbolistas jugasen el primer partido del Mundial. Para algo sirve ser presidente de Gobierno, porque el tal Nasingbe es el de esta nación africana. Claro que el federativo que resaltó las aficiones etílicas de Otto Pfister es su hermano, o uno de ellos, por lo que juega con ventaja.
Por eso, y por los cuatro goles ante Ucrania, el cara a cara entre Luis Aragonés y Santi Cañizares, que tantas suspicacias levantó, se queda en una mera anécdota y las declaraciones de Albelda sintiéndose, y con razón, suplente antes de jugar contra los amigos de Shevchenko, no es más que un chascarrillo de verano. Luis Aragonés lo controla todo, incluso a la prensa madrileña, por lo que la concentración es campo y playa, al menos desde la distancia. En todo caso, que siga el Mundial siga así.