LOS dos socios del Gobierno asturiano, PSOE e IU, andan a la greña por el reparto de cargos acordado por los socialistas con el PP en torno a la figura del Procurador General. La titular del cargo será María Antonia Fernández Felgueroso, que tendrá un adjunto en la persona de Noel Zapico. IU se queda sin puesto ni presupuesto, lo que no deja de ser una bofetada, y crea un precedente muy peligroso para la negociación de la reforma del Estatuto de Autonomía. La postura de los socialistas es indefendible, como lo muestra el hecho de que ni ellos mismas la defiendan, al afirmar que no llegaron a ningún acuerdo con nadie, sino que unilateralmente lanzaron en el Parlamento el nombre de María Antonia Fernández Felgueroso, y luego, misteriosamente, surgió una mayoría abrumadora en la Junta General del Principado en apoyo de la ex concejala gijonesa. IU había logrado mantener su cuota partidaria en el Consejo Consultivo y en la Sindicatura de Cuentas, pero se quedó con las manos vacías en el reparto del Procurador General. Las figuras institucionales deberían tener tres representantes para que no haya nunca ni crisis de gobierno ni malos rollos con la oposición. Los problemas nunca vienen porque todos coman o pasen hambre, sino por el feo vicio de discriminar en función de los escaños.
Noemí Martín asegura que tiene las manos libres para pactar con el PP y García Valledor considera que la FSA es «una rémora para la regeneración democrática». Noemí Martín reivindica para IU gozar de la misma libertad que ya se ha tomado por su cuenta el grupo socialista, así que nada se le puede reprochar. Otra cosa es la valoración de García Valledor, que está bien como ejercicio retórico, aunque mueve a la risa. No sabría poner un solo ejemplo de regeneración democrática asociado a la acción del gobierno de la izquierda asturiana. PSOE e IU gestionan un programa que ellos mismos acordaron, pero no son un instrumento de regeneración democrática, sino la simple expresión de una coyuntural mayoría parlamentaria.
Si algo resulta muy pesado para el ciudadano es esa pretensión rancia de algunos grupos de la izquierda de dar credenciales de democracia. La única regeneración democrática viene por el voto ciudadano que quita y pone gobiernos.