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Viernes, 16 de junio de 2006
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SOCIEDAD Y CULTURA
Sociedad
El genio endeudado
Elena Santiago, una de las mayores expertas del universo de Rembrandt, recordó ayer, en el Bellas Artes de Asturias, la «genialidad y maestría» del pintor holandés
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Rembrandt era un genio. Después de cuatro siglos nadie pone esa realidad en duda. Elena Santiago, una de las mayores expertas en la obra del holandés y hasta hace poco jefa del Servicio de Dibujos y Grabados de la Biblioteca Nacional, va todavía más allá y asegura que «su genialidad y maestría fueron incomparables». En Rembrandt, científico y experimentador incansable de cuestiones artísticas y ajenas al arte, Santiago ve además «al mejor grabador de la historia», que lo fue, según contó ayer en el Museo de Bellas Artes de Asturias donde impartió una conferencia, porque «representaba los temas de manera diferente. Sabía, incluso hacer secuencias temporales, es decir, mostrar el paso del tiempo».

Pero quizá lo que más llama la atención de esta especialista, es la «capacidad para analizar psicológicamente a los personajes que retrata, a sus modelos. De todo lo bueno que nos ha dejado en su obra destacaría, precisamente, esa capacidad de análisis, que le permitían otorgar a sus cuadros no sólo belleza, sino una profundidad singular, la evidencia de que había penetrado en la mente de aquella persona a la que pintaba».

Santiago, que comisarió la exposición sobre el pintor grabador que ocupó el Palacio de Pedralbes, de Barcelona; la Biblioteca Nacional de Madrid, y que ahora viaja a París, lo sabe todo sobre este mito de la pintura. Y en su conocimiento, además de una admiración profunda, tiene también lugar la fama de hombre despilfarrador que se llevó a su tumba en el siglo XVII. Al parecer, le gustaba tanto la pintura que no podía decir que no a ningún cuadro que se le ofreciera. Contaba ayer la conferenciante del Bellas Artes que «tuvo que subastar sus pertenencias en dos ocasiones».

«Cuando no tenía demasiado capital», añadió, «compró una casa en el mismo centro de Amsterdam, una casa que pronto hubo de vender».

Se mantenía, al parecer, gracias a que sus grabados se vendían con facilidad. «Tenía varios coleccionistas fieles que le adquirían todo lo que hacía. Gracias a eso salió adelante, pero siempre con muchas deudas».

Contaba ayer Elena Santiago, que pese a tenerlo que vender todo, casa, pertenencias y, por supuesto, sus obras de arte, «de lo que nunca se desprendió fue de sus planchas». Unas planchas que hoy están desperdigadas por los museos y las colecciones del mundo y que, en algunos casos, han sido manipuladas para seguir sacando rentas de sus marcas y ya no se encuentran en muy buen estado.

Porque de Rembrandt Harmenszoon Van Rinjn, que ese fue su verdadero nombre del padre del claroscuro, se ha seguido sacando jugo durante mucho tiempo, pues son muchos los que, como la especialista madrileña, consideran que su imaginería visual, filosófica y artística y las luces de sus objetos «son incomparables».



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