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Viernes, 16 de junio de 2006
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SOCIEDAD Y CULTURA
Sociedad
Las habitaciones de Veranes
Carmen Fernández Ochoa y Fernando Gil presentan los resultados definitivos del yacimiento romano, que «afianza la idea de una fuerte romanización»
Las habitaciones de Veranes
YACIMIENTO. El de Veranes se ha convertido en uno de los focos de estudio más interesantes del pasado asturiano. / E. C.
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El yacimiento de Veranes se ha convertido en la 'niña bonita' del programa de excavaciones del Ayuntamiento de Gijón. Los grandes resultados de las investigaciones, consecuencia de lo que han ofrecido sus entrañas, la categoría y evidencia de los restos arqueológicos y su misma ubicación en el 'territorium' de la ciudad romana de Gijón -a unos ocho kilómetros del centro urbano-, han convertido el asentamiento romano y medieval en uno de los más destacados. Así lo consideran los expertos, con la directora del programa arqueológico de Gijón, Carmen Fernández Ochoa, y el responsable del yacimiento de Veranes, Fernando Gil, a la cabeza. Ambos, convencidos de que Veranes, entre otras muchas cosas, «afianza la idea de una fuerte romanización», volvieron ayer a poner sus lindes e historia bajo los focos. Fue en el Real Instituto de Estudios Asturianos. Allí presentaron los resultados definitivos, los últimos datos que arrojan sus suelos y piedras y con ellos explicaron cómo eran las habitaciones de la villa y, a través de ellas, como funcionaba ésta en el siglo IV. «Sin duda, el momento de su máximo esplendor», advierte una entusiasta Fernández Ochoa.

Para mostrarla en su fulgor los arqueólogos han creado un programa virtual que permite al espectador recorrer imaginariamente las estancias de la que denominan villa de Verinius, «topónimo», según la directora del proyecto, «que consideramos por su proximidad a Verini, que, finalmente, sería el Veranes que conocemos».

Tras recordar que lo que realmente se conoce y se ha podido analizar es la parte urbana («ahora nos falta la rústica, donde guardaban los aperos y el ganado, y también la necrópolis»), Fernández Ochoa contó que lo primero que uno se encuentra en la casa es la zona de servicio. Es decir, la cocina, el horno y el granero, «situado todo en el norte del patio». A otro lado están los vestíbulos, dos, «uno más antiguo y otro más moderno, con constancia de que los dos funcionaban a mediados del siglo IV». De uno de ellos se accede a una especie de «segunda vivienda, diferente, que pudo estar destinada a un administrador, aunque esto es sólo una hipótesis», remarca la experta.

Se sabe también que hubo un gran pasillo, que culmina en la estancia principal, y que a su izquierda comunica todas las habitaciones. Cuenta Fernández Ochoa que al lado de la principal «hay otra secundaria, que no sabemos si perteneció a la mujer o al hijo».

Al recorrer el que está considerado uno de los lugares paradigmáticos para la investigación de la transición del mundo romano al medieval no olvidaron los dos expertos recordar la «extraordinaria» comparanza con los elementos decorativos de la iglesia de Santullano, ni mostrar el último hallazgo, un ladrillo con inscripción.



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