El calificativo 'estética de cómic' suele utilizarse de modo despectivo en el ámbito de la crítica cinematográfica menos desprejuiciada. Películas como 'Ultraviolet' contribuyen a ello. Tomarse en serio el último trabajo de Milla Jovovich es una tarea harto imposible, aunque el director y guionista del cotarro, Kurt Wimmer, haya puesto todo su empeño en crear un grandilocuente espectáculo pretendidamente colmado de originalidad que se derrumba como un castillo de naipes desde la primera secuencia.
Estamos ante un pésimo tebeo de superhéroes, mal filmado y peor dialogado. Todo invita a que nos tomemos el 'show' como una gigantesca broma o una sonora tomadura de pelo. Efectos especiales que cantan y una galería de personajes que expresan las mismas emociones que un caramelo pegajoso. Mamporros y equilibrios imposibles a raudales, pero a cada golpe o disparo el montaje pierde gas a destajo. El ritmo no es el fuerte de esta producción millonaria que cuenta con la modelo ucraniana.
¿La historia? Aparece una raza de mutantes en la Tierra y el Gobierno decide acabar con ellos. Violet, la mutante más poderosa, tratará de vengarse de quienes la convirtieron en lo que es, al tiempo que protege a su retoño.