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Sábado, 17 de junio de 2006
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FÚTBOL
 Actualizado: 1.55 a.m.
 
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CONSAGRACIÓN. Leo Messi necesitaba jugar el Mundial y marcar un gol. Logró las dos cosas, por lo que ya es una estrella. / EFE
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Argentina habla el mismo idioma que España. Incluso, por lo visto ayer, un poco más fluido si cabe. Si la selección de Luis se había convertido en la novia de este Mundial por el garbo futbolístico que paseó contra Ucrania, Argentina enamoró hasta a los brasileños. Qué ya es decir. Esta selección de Pékerman está llena de pequeños 'diegos'. Todos admiran a Maradona. Quieren ser como él y en partidos como ante Serbia y Montenegro casi lo consiguen para orgullo del Diego de verdad, que desde la tribuna disfrutó como un niño grande y brindó con un cohíba por la goleada, y eso que está prohibido fumar en los estadios.
 
YA somos dos. A España poco le ha durado la alegría de ser la única selección que había deleitado no sólo a los seguidores patrios, sino al planeta fútbol. Desde ayer Luis Aragonés y sus muchachos tienen compañía y, además, dura competencia, porque el partido que se marcaron los argentinos ante la desilusionada Serbia y Montenegro fue de los que hacen afición, sobre todo el segundo gol, que es para enmarcarlo, grabarlo y mostrarlo en las escuelas de fútbol que hay por ahí.
A la conclusión del partido amistoso ante Croacia, disputado en Ginebra, Luis Aragonés destacó dos grandes virtudes de la selección española, ambas directamente relacionadas. Por un lado, se refirió a la fortaleza mental del equipo para superar el autogol de Pablo Ibáñez y lograr la remontada en el descuento. Por otro, ensalzó el despliegue físico de 'la roja', cuyos jugadores terminaron el partido pidiendo más guerra mientras sus rivales, unos tiarrones con una condición física de base muy superior a la de los españoles, pedían la hora, ya sin resuello.
Luto en Costa de Marfil. Los 'elefantes' han conocido un cementerio prematuro. El grupo de la muerte fue súbita para ellos. Injusta y fulminante. Los debutantes en lides mundialistas han pagado demasiado cara la novatada. Se van con la cabeza alta. Los 'elefantes' siempre caminan así. La trompa les evita humillar su orgullo. Ante Holanda porfiaron hasta el último suspiro. Consumieron todas las energías. Se lanzaron al abordaje flamenco al unísono, con la honra patria de un pueblo divido en dos por una guerra fratricida. Se derraman lágrimas negras en la costa del ébano.
Tras disfrutar con sus familias o amigos del día de descanso que les concedió el jueves el seleccionador, los internacionales españoles volvieron ayer al tajo. Antes de las dos de la tarde, como era preceptivo, todos los jugadores estaban ya en el comedor del Sportcentrum de Kaiserau. La sesión de entrenamiento comenzó a las siete de la tarde y fue seguida por cerca de 2.000 personas en un ambiente de fiesta e ilusión desbordadas. Y es que la goleada ante Ucrania ha disparado todos los ánimos en el entorno de la selección, donde el optimismo se contagia entre bocinazos y cánticos de «¿Campeones, campeones oe, oe, oe!».
 
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