Canta, toca la guitarra, la armónica, se arrastra por el suelo, gatea, coquetea con sus músicos, con el público, se acerca a sus fans y los toca y se deja tocar, baila todos los ritmos, mueve el abdomen, las caderas, la cintura, el pecho, se descalza, se vuelve a calzar... Shakira reventó Las Mestas. Primero, la taquilla -a las cuatro de la tarde se agotó el papel y se colgó el cartel de 'no hay billetes'- y después demostró ante veinte mil personas que se ha ganado a pulso los calificativos de ciclón y torbellino que le han acompañado durante toda su carrera.