Los agentes inmobiliarios lo tienen claro. Comprar un piso hoy en día en primera línea de playa responde más a un «capricho» que a cualquier otra cosa. Porque hay que estar dispuesto a pagar mucho dinero. Hay puntos concretos de las tres zonas mencionadas en las que los propietarios «pueden pedir lo que quieran». Y los que lo pagan son, al parecer, madrileños y vascos principalmente. «Para ellos los precios no son tan desorbitados, en comparación con sus lugares de origen», dicen en la Agencia Álvarez. Quizás por eso no les extrañe que se pidan 310.000 euros (51,5 millones de pesetas) por 55 metros cuadrados a reformar en el Muro, explican en la Agencia Garsán. O 900 euros al mes de alquiler por un apartamento en uno de los edificios 'barco', como anuncian en la Agencia Domingo.