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Lunes, 19 de junio de 2006
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Carta de un pingüino
ESTIMADOS señores: la verdad es que ya se me quitó el calor y hasta tengo frío. Sí, soy un pingüino de los del acuario, un pingüino de Magallanes para más señas. Mis parientes viven entre la zona de Cabo de Hornos y Tierra de Fuego, en el paralelo 42, en la otra punta de la tierra a fin de cuentas. Cuando me dijeron que vendría a esta ciudad, me puse muy contento. Ahora bien, como tardaron tanto en traerme, llegué a pensar que tendría que reconvertirme (palabra muy familiar para ustedes, por cierto) para poder trabajar. Pensé, porque se me hizo muy larga la espera, que quizá tendría que llegar a disfrazarme de otra especie, no sé, de una gallina, o de un pavo, o de un ave cualquiera; tienen que entenderme: desde que me lo dijeron hasta que llegué pasaron casi dos legislaturas. Pero, en fin, aquí estoy, eso sí, con frío, puesto que ya me hice a la idea de cómo serían los veranos en ésta que se llama a sí misma capital de la Costa Verde y, ya ven, me han montado todo un decorado congelado donde vivir. ¿No podrían hablar con mis cuidadores para que me lo cambien?

Desde donde ahora vivo casi veo una obra que, según me pude enterar, va a ser un futuro balneario. Las gaviotas me han comentado que me fije bien porque otras, la fachada de mar y cielo del Muro por ejemplo, creo que no las voy a ver. Así que no se preocupen, ya les cuidaré yo del que dicen que va a ser su futuro centro de talasoterapia. Por lo demás, he de comentarles que el resto de mis compañeros están pasándoselo muy bien. El tiburón toro no es tan fiero como lo pintan; es más, si se les ocurriese ponerlo en el cartel de Begoña, seguro que tendrían que devolverlo a los corrales por manso. Las nutrias, ya saben, siempre jugando con algo. En esto se parecen un poco a los políticos, pero, claro, éstos lo hacen con cosas tan importantes como el dinero público. El día de nuestra inauguración escuché que hubo un poco de lío. Un grupo de vecinos que tienen muchas grúas un poco más allá, estaban bastante cabreados. Decían que les habían engañado por enésima vez y, claro, se pusieron a gritar y a pelearse con unos señores de azul con porras. Hombre, yo no me enteré de mucho pero creo que llevaron las de perder. Como estaba tan nervioso por la inauguración, sólo me fijé en otro señor que no paraba de repetir que había puesto dinero para que todo esto estuviese funcionando. Según me comentó luego una raya, se trataba del presidente de su paraíso natural, quien, después de coger el micrófono, empezó a decir que iban a venir muchos miles de visitantes a vernos, que esto es un proyecto de modernización y transformación de la ciudad, o que se trata de una buena política al servicio de los ciudadanos En fin, cuando ya la tortuga estaba medio dormida en su concha y las ostras comenzaban a cerrarse, acabó.

Por último, he de decirles que somos seis en total. Dos ya vinieron con nombres: 'Esther' y 'Cristof'. Pero a los otros, entre los cuales me encuentro yo, pueden ustedes escogerles el que crean oportuno. Les recomiendo que no lo piensen mucho. Uno se puede llamar, no sé, 'Pelayín' y otra, pues, quizá, 'Covadonga'. Porque si recurren a nombres clásicos les va a resultar mucho más fácil. Piensen que si se lo dejan algunos igual nos bautizan con cosas como Fidel o comandante Ernesto, o directamente: Tercera República. No lo consientan en absoluto. Miren que hasta hemos editado un folleto en asturiano para que puedan guiarse por nuestras instalaciones. Para finalizar, y esperando que sus ideas sean fructíferas, sólo les puedo pedir en el nombre que no tengo y en los del resto de animales del acuario que vengan a vernos y se lo pasen bien. Un saludo y hasta otra.

Posdata: Parece ser que lo del dinero molestó mucho a otro señor que vive a 28 kilómetros dirección sur. Vaya.



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