elcomerciodigital.com
Lunes, 19 de junio de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares     Página de inicio
PORTADA ACTUALIDAD ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES


Bodas
Vuelos baratos
Comuniones y bautizos
Ofertas Caribe
Alquiler de coches
Música MP3
Moda
Tarot
Dietas
Películas DVD
PC portátil
Mundial fútbol
Hoteles
Fórmula 1
Idiomas
Pilates





El Comercio
Canal 10 TV
El Comercio Digital
La Voz de Avilés

Tarifas en formato PDF


ACTUALIDAD
CONCIERTO ANTE 20.000 PERSONAS
El ritmo y el baile de Shakira llenan Gijón
La colombiana colgó el cartel de 'no hay billetes' en un concierto de hora y media de duración en el que conquistó a un público joven que coreó y bailó todas sus canciones
El ritmo y el baile de Shakira llenan Gijón
ARTISTA. Salió vestida de forma informal pero luego cambió su vestuario en varios ocasiones. / CITOULA
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

Canta, toca la guitarra, la armónica, se arrastra por el suelo, gatea, coquetea con sus músicos, con el público, se acerca a sus fans y los toca y se deja tocar, baila todos los ritmos, mueve el abdomen, las caderas, la cintura, el pecho, se descalza, se vuelve a calzar... Shakira reventó Las Mestas. Primero, la taquilla -a las cuatro de la tarde se agotó el papel y se colgó el cartel de 'no hay billetes'- y después demostró ante veinte mil personas que se ha ganado a pulso los calificativos de ciclón y torbellino que le han acompañado durante toda su carrera.

La chica de Barranquilla es delgada y bajita, pero ella sola es capaz de llenar el escenario. Es un animal de directo que sabe conquistar al público con su voz y su ritmo, pero también con un más que notable acompañamiento instrumental, el de una banda muy sólida formada por siete músicos. Llevan años acompañándola y eso se nota. Ellos la precedieron sobre las tablas.

Eran las once y cuarto cuando, por fin y después de dos sonoras pitadas, se pudo escuchar su voz, después de que las banderas de Colombia ondearan por el recinto (una de ellas sobre un mástil) como llamándola a escena y después de que los sones indies de Second entretuvieran la espera. Salieron sus músicos y Ben Peeler hizo sonar un santoor, un instrumento de cuerda similar al sitar, que precedió al despliegue de luz y sonido que anunció la llegada de la colombiana. Era la introducción de 'Estoy aquí', una canción coreada por el público que tras horas de espera, por fin, pudo verla en escena. Dos pantallas de vídeo a ambos lados del escenario la multiplicaban y acercaban a sus fans, que también pudieron contemplar proyecciones sobre el fondo del escenario.

Salió con fuerza, con el imponente puente circular de luces alumbrándola en mil colores y los cañones persiguiéndola, y además escogió temas con ritmo, con garra y muy conocidos en España para arrancar el show, de hora y media de duración. 'Te dejo Madrid' fue la siguiente pieza, también marchosa y coreada y llegaron entonces los saludos al público gijonés: «Gracias por permitirme el lujo de tocar por primera vez en Asturias y en Gijón», afirmó. Después, selló un pacto: «Yo canto, bailo y ustedes cantan y bailan y se lo pasan bien». Recogió el peluche que le tiró uno de sus fans y anunció que se comería una fabada después del concierto y que lo que quería es que todos lo pasaran bien. Entonces sonó, con la guitarra puesta, 'Don't bother', uno de los tres temas interpretados en inglés que interpretó a lo largo del recital.

Tempestad y calma

Después de la tempestad llegó la calma. Y el concierto se tranquilizó con 'Antología' en una suerte de versión 'umplugged', para volver a animarse con 'Hey you' y bajar de nuevo las pulsaciones con 'Inevitable'.

En la parte central de recital, se fueron intercalando baladas y temas más vivos hasta llegar a uno de los momentos más esperados de la noche: 'La tortura'. Antes se había escuchado 'Si te vas' y antes también 'Obtener un sí', un tema con sabor a bossa nova que dejó a la gente preparada para comenzar a moverse de forma compulsiva. Como ella. Que se marcó un auténtico despliegue de movimiento con la camiseta subida para permitir la visión de su celebérrimo ombligo. Y entonces, su teclista, un mulato cubano de nombre Albert Menéndez asumió el papel de Alejandro Sanz para darle la réplica a la barranquillera en el dueto.

En ese momento, el público estaba absolutamente encantado y la colombiana les premió con una de sus baladas más populares, 'No', que incluyó también un cambio de vestuario. Ataviada con un vaporoso vestido de estilo japonés, echó el resto con un tema coreado por buena parte del público, que quizá no esperaba que la artista volviera de nuevo a escena con nuevo vestuario. Esta vez más sexy, más oriental, con falda de flecos, sujetador de estilo árabe y ombligo al aire, para danzar al sol de una soga y para cantar otro de sus temas más conocidos en castellano, 'Suerte'. Fue uno de esos momentos álgidos, entre otras cosas porque se acercó a su público a través de un pequeño pasillo habilitado en la parte izquierda del escenario ante el delirio de quienes ocupaban tan privilegiada posición y no acertaban a creer lo que ocurría.

Shakira distribuye la energía y pasa del ciclón a la calma, juega con el público a ponerle a cien y bajarle el diapasón. Y por eso sonó después 'La pared' y 'Pies descalzos'.

Claro que lo gordo aún estaba por llegar. 'Ciega sordomuda' es uno de sus temas más conocidos y fue el elegido para la primera despedida de una noche que aún iba a ser un poco más larga, pero, sobre todo, más intensa.

No se hicieron rogar en exceso Shakira y su banda para saltar de nuevo a escena con una canción de aires orientales y una artista descalza, con cinturón de monedas y toda una exhibición de la danza del vientre. 'Ojos así' es el título de un tema que precedió al auténtico fin de fiesta, de nuevo con Albert Menéndez haciendo ahora las veces de Wyclef Jean para cantar 'Hips don't lie'. El final fue apoteósico, cubriendo sus piernas con velos y las pantallas de vídeo invitando a la gente a cantar en inglés («I'm on tonight»). Las Mestas se llenó de confeti y ella dijo adiós. Era la una menos diez de la madrugada.



Vocento