CUANDO el viejo operador de cine de Mieres, protagonista de la agenda de ayer del Ayuntamiento de ese municipio -hay que ver lo que facilitan, a veces, las nuevas tecnologías el estar al tanto de lo que bulle por los ayuntamientos-, al inaugurar ese monumento al cine en Figaredo, recordara el eco del fluir de la proyección al ritmo de imágenes en blanco y negro, tal vez evocara las caras de la gente que dejaba el edificio y con él todos los sentimientos alentados por una música, un beso, un puñetazo. Al abrir las puertas la realidad misma más que un beso es con frecuencia un directo a la mandíbula.