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Miércoles, 21 de junio de 2006
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OPINIÓN
OPINIÓN EDITORIAL
El horror en el banquillo
EL traslado a La Haya del ex presidente liberiano, Charles Taylor, para ser juzgado por crímenes de guerra y otras violaciones graves de los derechos humanos, es una excelente noticia por cuanto refuerza la idea de que la comunidad internacional está decidida a impedir que los responsables de este tipo de hechos eludan su responsabilidad. Ante los jueces del Tribunal Penal Internacional, que juzga a Taylor en nombre del de Sierra Leona, el ex presidente liberiano va a ser sometido a un proceso justo con un seguro derecho a una defensa y unas garantías que él negó siempre a sus enemigos políticos. Incluso en un continente tan convulso como África, en su papel de líder guerrillero, ocasional presidente y verdadero 'señor de la guerra' en la región, Taylor fue el verdadero paradigma del horror y la violencia en su más irracional expresión.

Taylor no limitó su reprobable papel a Liberia, su patria, sometida a una larga y cruenta guerra civil, sino que convertido en un hombre de negocios gracias a la riqueza minera de la zona, no dudó en involucrarse a fondo en la vecina Sierra Leona, cuyos diamantes explican gran parte de la tragedia sufrida por sus habitantes. Taylor armó y financió al llamado 'Frente Unido Revolucionario' de Foday Sankoh y llevó el conflicto civil y étnico a unos niveles de crudeza que estremecieron al mundo y volvieron a recordar los mismísimos horrores de Ruanda. Pero, más allá de las atrocidades de los hombres del RUF, la más perversa 'aportación' de Taylor y sus aliados a la galería de los horrores de África fue el empleo indiscriminado de niños-soldado, a los que se anulaba como seres humanos al obligarles a violar, matar y mutilar a sus propios familiares. Sólo cuando Gran Bretaña, antigua potencia colonial, y la ONU desplegaron tropas de interposición se pudo poner fin a ese río de sangre.

Taylor comparecerá ahora ante una jurisdicción mixta y creada ad hoc por la ONU, el Tribunal Especial para Sierra Leona, gracias a la unanimidad del Consejo de Seguridad de la ONU al emitir una resolución autorizando su traslado a Holanda, para evitar las complicaciones de juzgarlo en su país. Y es de esperar que el juicio contra este caudillo del horror, además de significar un gran triunfo de la justicia penal internacional, sirva de ejemplo disuasorio para los que pretendan alcanzar el poder mediante la violencia más ciega e indiscriminada.



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