Un puñado de dólares, una maleta pequeña llena de documentos personales y lo puesto. De esta forma salieron Jemal y Meri Midelashvili de Georgia en septiembre de 1999. Con ellos llevaban también un retrato de Cristo. «Veló por nosotros», dicen. Atrás quedaban su único hijo, con sus dos nietas, su hogar, sus puestos de trabajo, sus amigos, su barrio, su casa... Atrás se quedaba todo porque nada de las cosas importantes que poseían cabía allá donde iban: «A cualquier lugar lejos de Georgia. ¿Sabe por qué elegimos España? Porque aquí no había embajada de nuestro país y allí tampoco había española de manera que nadie podría averiguar dónde estábamos».