Con Trezeguet y sin Zidane, Francia se juega su futuro en el Mundial. El delantero de origen argentino es la baza de Raymond Domenech para ganar por dos goles de diferencia a Togo, garantía de pase a octavos. El mejor jugador francés desde Platini, sancionado por doble tarjeta, cumple 34 años con la amenaza de una despedida a la francesa de su brillante carrera pendiente de que sus compañeros le regalen la ocasión de un 'au revoir' más propio de su gloria.
Francia se encuentra en la misma tesitura que en el tercer partido de hace cuatro años en Corea del Sur, cuando no pudo derrotar por dos goles a Dinamarca para seguir en liza. Ahora los 'bleus' tienen que marcar el doble de los tantos logrados en sus últimos cinco encuentros mundialistas. En ese magro casillero sólo figura la diana de Henry a Corea en Leipzig. En la fase final de 2002 se volvieron a casa sin estrenarse pese a contar con los entonces máximos goleadores de las ligas inglesa (el propio Henry), italiana (Trezeguet) y francesa (Cissé).
La necesidad ha obligado a Domenech a cambiar otra vez de dibujo táctico. Abandona el 4-2-3-1 improvisado en los dos partidos de Alemania que dejaba a Henry desasistido por la falta de llegada de una medular en exceso retrasada. En su lugar, reproducirá el clásico 4-4-2 que le había dado resultados en las pruebas amistosas mediante la incorporación de Trezeguet en apoyo de su antiguo cómplice en el Mónaco.
En el lateral izquierdo de la zaga, Silvestre entra en lugar del también sancionado Abidal. En la medular se mantiene el tándem de cierre formado por el incombustible Makelele y el decepcionante Vieira, que hereda de Zidane el brazalete de capitán. Cambian los volantes al caerse del once Wiltord y regresa Ribéry, esta vez al pasillo derecho ya que el izquierdo se lo ha apropiado Malouda.