Guus Hiddink obró otro milagro. Si hace cuatro años logró llevar a Corea del Sur hasta las semifinales, esta vez logró meter a Australia en los octavos de final por primera vez. Allí, se verá las caras con Italia. El equipo oceánico y Croacia se jugaban el segundo puesto tras el todopoderoso Brasil. Y el partido comenzó sin que ninguno hubiera tenido tiempo de estudiar al contrario.
Sólo dos minutos tuvieron para tantearse, el tiempo que necesito Srna para marcar. El jugador del Shakhtar Donetsk anotó un lanzamiento de falta perfecto. Era un regalo caído del cielo para los croatas, que tocaban con los dedos la clasificación.
Los balcánicos se confiaron. Cambiaron todos los planes y replegaron las líneas para aguantar las embestidas de los australianos, que salieron con un planteamiento ofensivo. Guus Hiddink, el seleccionador trotamundos, sacó casi toda la artillería que tiene de inicio, dejando a Aloisi y Kennedy en la recámara.
Australia quería finiquitar el partido por la vía rápida para evitar problemas, metiendo una velocidad endiablada a todas sus acciones.
La rapidez no iba reñida con la precisión. Los toques entre Kewell y Cahill rompían la maraña arlequinada planteada por Kranjcar, buscando a Viduka, un maestro en el juego de espaldas. El delantero del Middlesbrough aguantaba todos los balones que le caían por la zona, marrulleando una falta o abriendo a las bandas.
Poco a poco, los australianos agobiaban a los croatas, que respondían 'cavando' trincheras en la frontal del área. Pero los 'socceroos' se encontraron con un regalo inesperado: el nerviosismo de la defensa. Croacia era un flan.
A la británica
Regalaron faltas y agarrones dentro y fuera del área. El árbitro no vio un placaje en toda regla de Babic a Viduka, aunque rectificó con el agarrón de Simic a la nuca de Cahill. Moore devolvía a Australia a los octavos, ya que un empate era suficiente para seguir adelante en la competición.
A Croacia sólo le valía la victoria, aunque no lo parecía. A pesar de todo, seguía más preocupada por al defensa que por el ataque.
Sus ofensivas eran aventuras en solitario de Prso y compañía. En una de esas acometidas, la suerte cayó de cara. Kovac lanzó desde fuera del área y Kalac, el portero australiano, se hizo un lío.
Entre que le botó delante y que no supo atajar, la pelota le paso por encima de su cuerpo tumbado. Era el segundo tiro de Croacia en todo el partido, y el segundo gol.
Entonces, Hiddink se quitó el traje 'holandés' y se puso el 'británico'. Abandonó, de este modo, el toque y optó por los balones a la olla. Los dos tanques que tenía en el almacén -Aloisi y Kennedy- salieron a escena. Con Viduka formaron un tridente para todos los balones en alto.
En la segunda línea se colocó Kewell, que volvió a ser ese jugador intermitente que no acaba de cuajar. Pero este jueves, se convirtió en héroe. Atrapó un rechace en posición dudosa y metió a Australia en octavos en un final agónico con tres expulsados.