SOLEMOS citarnos en la sidrerías, pero en esta oportunidad lo impidieron unas inoportunas molestias gastrointestinales de Dascoíte que me obligaron a ir a su domicilio, no tanto por hacer de buen samaritano como para que me facilitara las últimas incorporaciones a su 'Diccionario del disparate'. Al llegar lo hallé repanchingado en un sofá, con ojos de batracio medio entornados, haciendo pasar y repasar la mano derecha sobre el lomo de un gato persa que emitía una música arcana, a la par táctil y sonora, que se mezclaba con el propio ruido de las tripas del personaje. Al ponerse en pie lanzó al felino a un lado con cierto desdén:
-¿Mao, mao!- maulló el animal con tono lastimero.
-¿Por qué no hace miau como sus congéneres, ho?- me interesé, y Dascoíte me aclaró:
-Pues porque leí el 'Libro rojo' delante suyo durante un tiempo. Tal para cual.
Y ahora paso ya a ofrecerles la transcripción literal del material lexicográfico:
Averración: la de faisán, perdiz, codorniz, pato, pichón, etcétera, está francamente bien, pero donde esté una ración de 'pitu caleya' que se quite la de cualquier otro bípedo plumífero y alado.
Contacto: a las lectoras de buen ver que me aborden en algún chigre para felicitarme por mi quehacer lexicográfico, las invitaré a unos bigarinos, dicho sea sin tacto alguno.
Ejemanía: por autonomasia es la que profesa el inefable George Bush a ese invento suyo del Eje del Mal, utilizado para justificar lo injustificable (léase invasión de Irak, cárcel de Guantánamo, etcétera).
Liberticida: producto que mata la libertad y que es expelido, en diferentes dosis, por cualquiera de los regímenes políticos conocidos.
Pesimismo: «¿Cómo se puede ser optimista cuando se es consciente de ser un brevísimo algo entre dos nadas». (Pregunta retórica tomada de la obra 'Cosmoagonía', de Fredo Kierkagar, ese filósofo que tiene un coche fúnebre en su cerebro para transportar las ideas).
Tráfico: en el estado del Vaticano existen numerosos pasos de beatones.
Vagancia: acción de vagar o estar sin oficio u ocupación, que sería el estado ideal para esa abundante especie de mosca cojonera que responde al nombre de político nacionalista.