Alas diez de la mañana en punto, como un clavo ante la pantalla, Fernando Alonso toma posiciones delante del televisor junto a la colonia de periodistas españoles. Juega la selección, y a este lado del mundo, circuito Gilles Villeneuve, una isla al lado del Casino de Montreal, ciudad mestiza, entusiasta, marchosa, nadie se quiere perder el partido. No falta detalle en el campamento de Renault. El canal TSN en la tele, las galletas con pepitas de chocolate, el café italiano, los tapones amarillos Mild Seven, el personal uniformado de azul Renault.