Su mirada se ha alimentado de muchos paisajes y su cámara le sigue la pista imparable. Se llama Víctor García (Gijón 1976) y su nombre empezó a sonar fuerte cuando Madrid le reclamó para entrar en el catálogo de PhotoEspaña. Eso ocurría hace dos años, pero uno después, engrosó otras filas en Bélgica y se convirtió, al lado de un quinteto de jóvenes asturianos creadores de obras plásticas, en el fotógrafo de la generación Bruselas. Ahora vuelve a Gijón, a la sala Altamira, en cuya nómina está desde que sus responsables vieron su primera gran fotografía de una naturaleza viva. Y con naturalezas regresa.
Presenta Víctor García un proyecto titulado 'Yo no soy tú', que excede de su materia fotográfica y traslada a esta tierra el lema central del actual PhotoEspaña.
Mientras en Madrid todas las exposiciones se nutren de naturalezas y reinventan el universo en cuya creación no ha intervenido el hombre, Víctor crea su propio mundo natural en Gijón. 'Yo no soy tú' es una gran instalación que convierte la galería en una selva casi tropical, plagada de troncos del brasil, en la que el creador ha colocado estratégicamente varios objetos, que el visitante se ve obligado a buscar entre sus afiladas hojas.
Fotografías propias y ajenas, algunas compradas en mercadillos de viejo y que aportan universo personal al paisaje; pequeños dibujos, recortes de periódico que rotan como el propio diario e, incluso, botones embolsados en recuerdos, además de un montaje de imágenes en movimiento. Todo está dentro de su naturaleza propia, que es ficticia por fabricada, pero real, por sentida.
Se puede decir que lo que Víctor ha creado en la pequeña sala de la calle de la Merced es un microcosmos privado, en el que varias plantas ocultan, unas veces, enmarcan, otras, fotografías que no son siempre fruto de su cámara. Ha tomado el creador varias instantáneas prestadas para su discurso, que es un discurso de vida paseando entre el arte o lo que es lo mismo, del arte enroscado en la vida.
Como hacía la semana pasada en Oviedo Francisco Ayala al hermanar, en unión siamesa, la literatura con la existencia personal, el joven creador emparenta, sin posible disolución, su trabajo como artista de su vida como ser humano.
Cambios nocturnos
Para explicarlo ha montado en Altamira este pequeño paraje que es, además, dinámico y cambiante. Algunas piezas, como la diapositiva que muestra en el escaparate, al lado de pequeñas piezas de escayola negra («toda una crítica al concepto del arte», dice el galerista Diego Suárez), cambian cada día. Víctor se mete en la sala de día y de noche, cuando la calle duerme para intervenir en su propia intervención
'Yo no soy tú', que ha llevado su propio ejército de hormigas a la sala Altamira es una exposición que parece fácil de montar, pero que sin embargo ha requerido más tiempo del que todos, galeristas y artista, preveían, pues aquello que parece improvisado es fruto de un concienzudo análisis del espacio.
La exposición permanecerá abierta durante lo que resta de junio y los primeros días de julio.