Estos últimos días se hace bastante incómodo estar en la tumbona. Los días han dado para mucho jolgorio, pero el sol se ha vendido muy caro, con una nube por aquí y llovizna por allá, por lo que encontrar la postura se hace harto difícil, pero hay que hacer un esfuerzo porque llega Francia. Sí, sí, la que está al otro lado de los Pirineos, bueno, ahora un poco más allá porque todavía está jugando el Mundial. Da la impresión de que no sólo la selección está concentrada, sino que la concentración va a ser general con vistas al partido contra Francia.
Es una de esas confrontaciones que desatan pasiones y hasta polémicas políticas, como la nueva que se está gestando en Madrid con lo de las pantallas gigantes. Y por eso de la cordialidad, los periodistas que cubren la información de los seleccionados por Luis Aragonés no se pusieron de acuerdo a la hora de aplaudir al técnico. Unos querían hacerlo porque le veían bajo de moral y otros no estaban por la labor porque -decían- la selección todavía no ha hecho nada del otro mundo. Tampoco lo hizo antes de marcharse Ecuador, salvo jugar bien al fútbol, pero detrás de ella se fueron todos y, además, todos aplaudiendo.
El caso es que todo el mundo comienza a estar en capilla. Ganar a Zidane y compañía puede ser tan glorioso como cuando se derrotó a los franceses allá por el año no me acuerdo cuál. La hora del partido, además, es propicia para para todo lo que pueda venir después, sobre todo si el resultado es de esos que pone, que coloca. Vamos, que se gana.