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Martes, 27 de junio de 2006
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El candidato Ovidio
EL traje oficial romano consistía en una toga por encima de una túnica. La toga era un pedazo de tela de cinco metros de largo por tres de ancho que convertía a quien la portaba en un orgulloso ciudadano de pleno derecho, en un paisano del gran imperio, distinto del bárbaro. Las togas no eran todas iguales. Con peculiares colores o franjas denotaban la categoría social de quien la vestía, y se usaba en ocasiones especiales, a la manera en que hoy usamos traje y corbata, para bodas, bautizos, comuniones y cosas así. Cuando un romano aspiraba a cargo público, como distintivo publicitario se ponía una toga de blanco inmaculado, una toga cándida, del latín cándidus, blanco, un cartel electoral de lana que daba cuenta a los demás de que el patricio Caius o el soldado Tulius iban de candidatos, y de ahí la etimología.

Los partidos políticos confeccionan las listas de candidatos siguiendo el criterio de colocar a los mejores en cabeza de lista, para que arrastren votos con su tirón personal, que la misión principal del candidato es ganar elecciones o comicios para el propio partido, aunque luego en las cámaras desempeñen un rol de marmolillos. Para elaborar las listas, los partidos tienen poco dónde elegir, pues suelen elegir sólo entre los afiliados.

La paradoja es que en las elecciones generales los propios electores tienen también poco dónde elegir, pues la afiliación a los partidos es tan escasa como la afiliación en general, pues comprometerse con alguna institución comporta una responsabilidad y un riesgo que la mayoría de la gente no suele asumir por el prurito de conservar la independencia personal. Pasa lo mismo que con el concurso de Miss España. La que sale elegida Miss recibe siempre críticas de todos los sectores, porque el pueblo llano considera, observen y vean, que no es la más guapa de las mujeres españolas. Y no les faltará razón, como tampoco falta razón a quienes la han escogido cuando la ganadora es sin duda la más guapa del ramillete de osadas candidatas, únicas elegibles para el galardón.

En el interior de los partidos igual, con el añadido de que ahí se cumple inexorablemente la ley de Peter. Los partidos políticos son un círculo cerrado en si mismo, y dentro, los aspirantes a salvadores de la patria andan enzarzados de continuo en una carrera, cursus honorum en latín, de educados codazos para obtener una buena colocación. Ganar la carrera exige disponer de un buen programa, de un buen equipo, de un buen estómago para desayunar un sapo cada mañana, de unos buenos codos y de un buen arte del disimulo para repartir a diestro y a siniestro sin que se note. Y a la meta no llegan siempre los mejores. A veces llegan los más resistentes, u otros que van de droga ideológica hasta los ojos, o triunfan pícaros o pelotilleros que se saben al dedillo los mecanismos de funcionamiento del aparato, y nunca mejor dicho lo de aparato cuando la organización se llama maquinaria, un aparato que manejan y trucan para obtener el medro personal y el premio, que el coche oficial y el escaño gozan de un tremendo atractivo erótico.

El candidato del PP a la Presidencia del Principado de Asturias en las elecciones autonómicas de mayo de 2007 es el propio presidente del PP asturiano, el abogado, diputado y senador Ovidio. Su candidatura va respaldada por Zaplana, del aparato nacional, lo cual relega a los otros aspirantes, Gabino y Morales. El candidato Ovidio, del latín ovis, oveja, cuyo modelo político es Aznar, del latín asinarius, burrero o borriquero, lleva toga cándida porque aspira a la diadema de Miss Asturias.

Pero, ¿es Ovidio la más guapa de Asturias, o es sólo la más guapa de entre las que concursan por su partido para Miss Asturias?

Lo veremos el año que viene. Si dios quiere.



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