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Martes, 27 de junio de 2006
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OPINIÓN
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Pacificación
ME llama la atención ver que en estos tiempos difíciles, en los que parece posible el fin de ETA, en los que la derecha aprovecha cualquier circunstancia para sacar a la calle a los ciudadanos más reaccionarios, junto a otros que cándidamente creen en sus alegatos de destrucción de la concordia y del Estado, (contra el Gobierno), el movimiento vecinal de Gijón, haya puesto fin a la Semana por La Paz, algo consolidado y que además, de alguna manera, diferenciaba a este movimiento de las organizaciones clásicas, que se organizan para defender sus intereses más cercanos.

El movimiento vecinal, que entre otras tareas, tiene la de luchar por conseguir lo mejor para el colectivo de ciudadanas y ciudadanos a los que representa, tiene la obligación de pararse, aunque sólo sea un vez al año, para reflexionar sobre otros problemas globales, que afectan tanto a nuestro país, como al conjunto de la humanidad.

Quizás se nos olvidaron las grandes manifestaciones contra la guerra en Irak, pero hay que estar al loro, por si tenemos que hacer lo mismo contra la intención de castigo en Irán. Tiene que entenderse que la paz, la necesaria convivencia en la ciudad, es algo a lo que no se puede renunciar, por eso es necesario posibilitar el debate, como observatorio de análisis de esta problemática.

En esta semana, también se organizaba una marcha ciclista, que permitía visualizar los cambios que se iban produciendo en el diseño de la ciudad. Se comprobaba que la ampliación de aceras, las calzadas de una sola dirección... contribuían a una conducción más sosegada, y por tanto, a una mayor tranquilidad de los peatones y los ciclistas, pero hay que seguir atentos y reivindicativos. Es necesario tener una visión más amplia de la ciudad, sobre todo cuando intentamos no sólo influir, sino que a veces hasta caemos en la tentación de querer gobernar.



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