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Martes, 27 de junio de 2006
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OPINIÓN
OPINIÓN EDITORIAL
No a la autonomía
POR una mayoría mucho más holgada que la sugerida por sondeos y por el resultado de las recientes elecciones legislativas, los votantes italianos han rechazado el proyecto de reforma constitucional que presentó y defendió enérgicamente el antiguo presidente del Consejo, Silvio Berlusconi. El ex primer ministro se empleó a fondo cuando ya parecía claro que en esta ocasión era necesario más consenso para abordar esta reforma del Estado. Tan es así, que el rechazo de la reforma ha sido alto en las regiones del sur (74, 9%) y del centro (68%), pero también mayoritario en el norte de Italia (53%), donde tiene su mayoría de votantes la Liga Norte.

Paradójicamente, el actual primer ministro era personalmente favorable a una reforma que descentralizase aún más el Gobierno, pero Romano Prodi ha preferido no correr el riesgo político de cambiar a peor la fuerte desigualdad regional. Aunque quizás el argumento central que ha movido el 'no' por encima de las apreciaciones de Il Professore ha sido la convicción de que Berlusconi cedió a una especie de ultimátum de la Liga Norte, indispensable socio de Gobierno que no vaciló en mostrar sus pulsiones secesionistas y que ha buscado desde siempre romper todo lo que pudiese con su denostada 'Roma ladrona' para afianzarse en su feudo industrial y financiero del norte del país.

En estas circunstancias y con argumentos de autoridad como los expresados por el muy acreditado y solvente Carlo Azeglio Ciampi, el ex - presidente de la República, que se expresó contra la reforma, el centro-izquierda se apunta un tanto que es, por la fuerza de las cosas, un activo personal para Romano Prodi, necesitado de autoridad y éxito al frente de su exigua mayoría. La Carta Magna será cambiada, sostiene él, pero de otro modo, con otro acento y con más acuerdo nacional, como conviene en estos trances constitucionales.



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