Cada ciudadano de Oviedo consumió, el año pasado, una media de 78.100 litros de agua el año pasado, o lo que es lo mismo casi 214 litros por persona y día, según la memoria del servicio de Aguas y Saneamiento. En total, el volumen facturado por la concesionaria Aqualia pasó de los 16,5 millones de metros cúbicos, el equivalente a 20,7 veces la capacidad del embalse de Los Alfilorios, principal suministrador hídrico del municipio.
La cifra, con ser más alta que en 2004, resulta menor que el consumo registrado en 2003, cuando se necesitaron unos 100.000 metros cúbicos más con casi 10.000 habitantes menos. El año pasado sí se estableció un récord de consumo doméstico, al aproximarse el gasto de las familias ovetenses a los 12,5 millones de metros cúbicos. El resto corresponde a clientes industriales, cuya demanda mantiene una tendencia decreciente, con algunos altibajos; signo del escaso tirón de la manufactura en el concejo.
Y sin averías
16,5 millones de metros cúbicos, más de veinte veces el volumen de Los Alfilorios parece mucho, pero el dato sólo recoge el agua que llega a los contadores. No incluye la que se pierde por averías ni tampoco la del baldeo de calles, por citar dos ejemplos. Aqualia no ofrece, como sí se hace en otras ciudades, una estimación de las pérdidas de la red de distribución. La contratista sólo detalla el número de averías detectadas y reparadas: 1.579 el año pasado.
Curiosamente, es en los meses de verano -julio, agosto y setiembre- cuando se detectan más fugas. Casi el doble de averías -entre 116 y 138- que en el resto del año, con entre 63 y 80 averías al mes. La razón, apuntan desde el servicio, es que la reducción del tráfico rodado durante los meses de verano permite abrir calles, que en otra época del año supondrían un gran transtorno para la ciudadanía.
Intuición y electrónica
La detección de las fugas en la red de aguas es una mezcla de dotes detectivescas con «los más sofisticados equipos». El sistema de telecontrol implantado por Aqualia informa de los flujos de la red en tiempo real. Esto facilita la detección: si de un depósito salen equis metros de agua y no llegan los previstos, en algún lugar intermedio hay una fuga.
Los equipos de detección revisan entonces la conducción con la ayuda de un correlador acústico y un geófono hidrófono de calzada, que detectan el punto concreto del escape por el sonido. Si la fuga es importante o su reparación no supone un gran impacto se actúa, sino hay que esperar a un mejor momento, un fin de semana, un puente o el verano.