HAMAS, el Movimiento de la Resistencia Islámica, ha necesitado 20 años desde su creación para aceptar la existencia del Estado de Israel, pero finalmente acaba de hacerlo -aunque de modo muy implícito- en el contexto de una tensa y delicada negociación con Al Fatah. El acuerdo ha sido posible al llegar los dos grandes partidos a un consenso sobre los puntos del Documento de Reconciliación Nacional. Este 'reconocimiento' de Israel se deriva de que Hamas acepta que su objetivo es la creación de un Estado propio en los territorios perdidos en la 'Guerra de los Seis días' de 1967 y por tanto limita a esas áreas, Cisjordania principalmente, sus eventuales acciones militares. En el fondo, el texto se adhiere en buena medida a la histórica 'Iniciativa de Beirut' de la Liga Árabe, que en marzo de 2002 ofreció a Israel «completo reconocimiento contra completa evacuación». Hamas ha introducido, eso sí, un párrafo según el cual se entiende que, en adelante, cada acuerdo que se alcance en el proceso de paz lo será en el inequívoco «servicio al pueblo palestino».
La lista de acuerdos en la historia del conflicto entre israelíes y palestinos es, desafortunadamente, tan larga como nulos han sido sus efectos. Pero, en esta ocasión, al menos abría una puerta nueva por cuanto permitía la formación de un Gobierno de unión nacional. Y hay que decir que 'abría' una nueva puerta porque a la fragilidad del propio acuerdo, en el que algunos puntos siguen generando una enorme fricción entre las propias facciones palestinas, hay que añadir la posibilidad de que toda la región estalle de nuevo a causa de la máxima tensión que se vive en la franja de Gaza. No sería la primera vez en Oriente Próximo que un esperanzador acuerdo es superado por la triste realidad de los acontecimientos y, por ello, es imprescindible que sean las propias fuerzas de seguridad palestinas las que liberen al militar israelí. Porque difícilmente el 'Plan de los Prisioneros' servirá para algo más que para engrosar la lista de oportunidades perdidas si el joven soldado secuestrado no es liberado y el Ejecutivo de Olmert cumple su amenaza de ordenar al Ejército «entrar a buscarlo casa por casa».