ESÚS Iglesias es un tipo encantador, inteligente, sencillo, trabajador, culto, irónico y autocrítico. Es una de esas personas capaz de enfadarse antes con uno mismo que con los demás. Es un tímido incorregible, pero con una cualidad muy escasa entre los tímidos: carece de afectación. En debates y tertulias televisivos es un animal mediático, porque une a su inteligencia y rapidez de reflejos una gran naturalidad. En su biografía política no consta que haya rechazado nunca un cargo público o una responsabilidad orgánica. Como esto pudiera verse como un defecto voy a esforzarme para decirlo de otra manera: Jesús Iglesias no se arredra ante los grandes retos de la política. Así queda mejor. Pero el coordinador regional de IU no tiene madera de líder. Su veta autocrítica y el gusto por sentirse una persona normal que hace cosas normales le impiden ser un referente para la grey de IU. Además, Jesús Iglesias carece de un mínimo espíritu depredador que se necesita para ejercer el liderazgo en la política.
La elección de Jesús Iglesias como candidato de IU a la Presidencia del Principado no pudo partir de un clamor de las bases o de los órganos de dirección, porque el coordinador regional de IU puede caer bien pero no suscita entusiasmos. Nunca ha demostrado tener un gran tirón electoral y viene de cosechar un fracaso en las elecciones generales de marzo de 2004, cuando se quedó sin acta de diputado. La candidatura de Jesús Iglesias no es producto de un espontáneo consenso, sino la cristalización de un equilibrio de fuerzas interno. En caso contrario, si los órganos de dirección de IU hubiesen pensado en convertir en candidato al dirigente más capaz de sacar votos, el elegido hubiese sido Javier García Valledor, que tiene además una especial sensibilidad asturianista, muy útil para desmarcarse del PSOE.
Con Jesús Iglesias, IU va a decantarse por repetir el tándem que pilotó los destinos de esa fuerza política en el Ayuntamiento de Gijón en la década pasada, con Iglesias de portavoz institucional y Montes Estrada de hombre fuerte y estratega de la formación. Entre jubilaciones, caídas en desgracia y condicionantes de la candidatura cremallera (chico-chica), en IU se va a una lista de caras nuevas.