Diez premiados, diez nombres con talento para conmover ante un Teatro Campoamor conmovido. La gala de los primeros Premios Líricos celebrada anoche en Oviedo se puede resumir con esas palabras, pero fue mucho más: la fiesta de la lírica. Una grata sorpresa para los sentidos, una reunión de virtuosos de la escena que premiaron al público con retazos de sus dones. Oviedo tiene experiencia en organizar este tipo de acontecimientos para destacar a los mejores en lo suyo y con la gala de la música volvió a demostrar su capacidad para cumplir con lo prometido. Pero además contaba para ello con Emilio Sagi, un ingeniero de la escena autor del montaje y uno de los premiados. El ovetense recogió su premio, una estatuilla de Sebastián Miranda, y se la dedicó al público, vestido de negro y blanco con el mismo binomio de colores exigido para toda la coreografía. Con unos globos blancos como telón de fondo, símbolo de la belleza que se puede lograr con el aire. Como la voz.