Hoy empieza el Tour de los ausentes. Un Tour sin cabezas. Ni Ullrich, ni Basso, ni Vinokourov, ni Mancebo, ni Beloki. Un ciclismo sin cabeza, con vocación de suicidio.
La sala de conferencias del Palacio de Congresos de Estrasburgo parecía un patíbulo. Iban desfilando cadáveres. A mediodía lo anunció el Tour: nueve corredores inscritos en la carrera que comienza hoy están implicados en la 'Operación Puerto', la intervención de la Guardia Civil que ha desvelado los secretos de la red de dopaje supuestamente encabezada por Eufemiano Fuentes. El médico canario, según confirmó la dirección de la carrera gala, atendía a Ullrich, Basso, Sevilla, Mancebo y a cinco corredores del Astaná: Beloki, Contador, Paulinho, Davis y Nozal. A la calle. Y con ellos, el resto del Astaná, -equipo en el que milita el gijonés Carlos Barredo- como efecto colateral. Según la normativa aplicada en la Grande Boucle, un equipo no puede partir con menos de seis ciclistas. Por eso quedaron amputados Vinokourov, Kaskechin, León Sánchez y Barredo.
El Tour, con el código ético firmado por los equipos en la mano, pidió a las escuadras que apartaran, sin sustitución posible, a los acusados. Obedecieron el T Mobile con Sevilla, Ullrich y su asesor, Pevenage; el CSC hizo igual y sacrificó a Basso, y el Ag2R a Mancebo. El Astaná se resistió. Tras las exclusiones sólo le quedaban Vinokourov, Kashechkin, Barredo y León Sánchez. No correr el Tour era morir, desaparecer. Apeló a la Unión Ciclista Internacional. Durante toda la tarde se escuchó que la UCI iba a exonerar a Contador y Paulinho; que cuatro más dos son seis, el límite. Se habló de vergüenza, de otro plazo del escándalo, de supuestas presiones del Gobierno de Kazajistán, el país de Vinokourov. Rumores. Marino Lejarreta, responsable del conjunto, anunciaba que él se iba fuera cual fuera la sentencia. Por solidaridad con los apuntados con el dedo acusador.
El código ético
A las ocho y media se supo: el antes equipo dirigido por Manolo Saiz quedaba tachado. Su espacio en la página de participantes apareció en blanco. Víctor Cordero, director general de la Vuelta a España, recordó entonces el punto nueve del códido ético -un corredor o miembro de equipo que sea investigado o esté envuelto en un proceso no podrá ser inscrito en las carreras- . El Astaná es ya un equipo estrujado. Como Ullrich, Basso, Mancebo y Sevilla.
Todos hablaron ayer. Desde distintos lugares de la derrota total. Dijo Riis, el director de Basso, que era su «peor día». El verdugo de Induráin palidecía. Adiós a su mirada metálica, al brillo pulido de su calva. El rostro parecía un relámpago de arrugas. «Este equipo es mi vida y he tenido que sacrificar mi gran amistad con Basso». El vencedor del Giro, a la hoguera. A Ullrich, el gran favorito, y a Sevilla no les dejaron ni desayunar. «No tengo nada que ver con esto», renegó Ullrich. El T Mobile les tumbó antes incluso del anuncio del Tour. Había una expresión patibularia en los miembros del equipo alemán.
«Hemos llegado al punto cero, al kilómetro cero», resumió Eusebio Unzúe, director del Caisse d'Epargne-Baleares. «Éste es un deporte herido de muerte. Tenemos que construir un nuevo ciclismo». El técnico navarro dio un clave: «Sinceridad». Sabe que este deporte está en coma. No sirve de nada ocultarlo. La enfermedad ha ocupado buena parte de su piel. «Seguir como hasta ahora no conduce a nada». Regeneración. «Hay que recuperar el ciclismo».
Cenizas deportivas
Había un tono de 'mea culpa' en cada declaración. Todos sobreviven sobre las cenizas de este deporte. Y nadie se va. Hasta que el Tour decide echarles. Irse es no volver. Prudhomme alabó la actitud del T Mobile, el CSC y el Ag2R, y lamentó la del Astaná. «La Guardia Civil nos ha trasladado muchos nombres de ese conjunto que están implicados. Era un sistema de dopaje dentro del equipo». Quiere héroes, no «tramposos». Por eso les invitó a marcharse. «Mientras no nos diga lo contrario la UCI, nosotros saldremos a correr», respondió Marino Lejarreta. El Astaná ató su futuro a la licencia que le da acceso al UCI Pro Tour. Pidió socorro a la UCI.
Vinokourov salió a media tarde a rodar con la bicicleta que iba a utilizar en el prólogo. Sonrió incluso a los fotógrafos desde su maillot celeste. Pablo Antón, mánager de la escuadra, negoció hasta la última orilla. Hasta que se rindió. Casi logró que Paulinho y Contador pudieran correr, pero cuando estaba a punto de salvarse, en la esquina del remolino, los otros equipos le retiraron la mano. Tuvo que rendirse. El Tour que hoy nace lo hará sin sus tres favoritos: ni Ullrich, ni Basso, ni Vinokourov. Tampoco estará el cuarto en 2005, Mancebo. Ni Sevilla ni el Astaná. El ciclismo desde hace tiempo es un lista de bajas. El Tour empieza al revés, con los líderes por los suelos.