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Sábado, 1 de julio de 2006
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Yo, delincuente
PARA empezar, una confesión: soy una delincuente, me gustaría decir que poco común, pero sería mentir. Mi delincuencia tiene visos de ser tan corriente, tan usual, que me hace parecerme a millones de mortales.

Bien es cierto que las faltas cometidas han prescrito, y quizá en aquel momento no eran causa de problema legal alguno. He vaciado ceniceros completos en calles poco transitadas. He arrojado con toda la furia una gargantilla de perlas de Majórica al arcén de una autopista. He tomado a chufla muchos 'ceda el paso', y a rechifla uno o dos stop.

He pisado rayas continuas en bastantes ocasiones y he circulado sin cinturón de seguridad siempre que he podido. En cuestiones de aparcamiento, ninguna tropelía me es ajena. He estado al volante inmediatamente después de una boda, una espicha o una fiesta, lugares en los que se bebe. También me he alimentado mientras conducía. Durante un tiempo me maquillé con toda tranquilidad en los semáforos. Y alcancé tal maestría que, en distancias relativamente cortas, pasé de mujer normalita a poder ser fotografiada para la revista de la DGT, como una 'top model'. En alguna ocasión he cambiado de zapatos mientras conducía. Pude comprobar el amotinamiento de toda una comunidad de vecinos, tras dejarles el coche tan pegado a la puerta que les impedía salir. Las columnas del párking de un famoso centro comercial me conocen y años después aun me temen. En esa misma gran superficie consumé el atropello de ciento treinta y ocho carritos de la compra y no me di a la fuga porque de copiloto llevaba a mi señora madre. Salvo excesos de velocidad, adelantos inapropiados y atropello de ser vivo, puedo decir que casi ninguna barrabasada al volante me es ajena. A muchos de ustedes, tampoco.

Si todas estas transgresiones fueran cometidas a partir de hoy, no sólo no tendría carné, tampoco vergüenza. Lo ideal sería que nadie tuviera que decirle a otro que su comportamiento puede provocar graves desgracias, grandes problemas. Pero, en una sociedad anclada en la preadolescencia, hace falta que nos premien o nos castiguen. Que nos mantengan alerta para no bajar la guardia. Pasada mi época punki, me parece bien el carné por puntos.



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