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Sábado, 1 de julio de 2006
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OPINIÓN
AL AIRE
Estrellas
LAS neuronas hervían dentro de mi cerebro (¿chof, chof...!) mientras buscaba un asunto con el que cocinar el plato del día de la columna, ante la imposibilidad de salir en pos de los comentarios de tertulios habituales a causa de una picajosa gastroenteritis. Del cuarto de baño a la máquina de escribir y viceversa. Hasta que la esquiva fortuna esbozó una leve sonrisa y apareció por mi humilde morada el cocinero Farturo Farias, que hizo las veces de buen samaritano y me relevó ante el adminículo de teclear folios con este resultado:

«Vengo de una tertulia en la que se te echó de menos... a la hora de pagar a escote tus consumiciones. De entre las opiniones proferidas en ella, recuerdo la del filósofo Dalmacio el Cínico en la que venía a decir algo así como que si las estrellas que más brillan en estos tiempos son jueces, cocineros y deportistas en vez de filósofos, escritores o científicos, ello es señal inequívoca de que vivimos en una sociedad estrellada contra un meteorito mediático.

»A grandes rasgos puedo suscribir la opinión del amigo Dalmacio, menos en la parte atañente a los cocineros, a los buenos cocineros que se merecen estar en el candelero en su condición de seres seráficos que coadyuvan a hacernos un poco más felices, que ya es mucho. Esceptúo a algunos de esos que van por la vida de artistas restauradores a base de unos platos de gran continente y escaso contenido en contraste con un largo nombre. Eso sí, se nota que son estrellas porque sus precios suelen ser más astronómicos que gastronómicos.

»De este tipo de cocina se reía hace ya unos 150 años el cachondo escritor inglés Edward Lear por medio de recetas como la del pastelón de amiblongos: primero hay que cubrirlos de agua y hervirlos por espacio de 8 horas; luego se añaden 5 cuartillos de leche fresca y se deja hervir durante otras 4 horas. Una vez que los amiblongos se reblandecen, se colocan en una sartén grande, se espolvorean de nuez moscada y se cubren de pastelillos de jengibre molidos, curry en polvo y pimienta de Cayena. Hay que remover violentamente la sartén hasta que los amiblongos hayan adquirido un tono púrpura pálido, y es entonces el momento de añadir un pichoncillo, 2 chuletas de buey, 4 coliflores y un número indeterminado de ostras. Cuando se forma una costra, se sirve.

»Por cierto, amiguín, escribe tú algo que para eso lo firmas...».

Y lo hago: ¿que les aproveche!



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