El ciclismo se ha convertido en una cuestión de fe. Éste es un deporte con la sangre a la vista, según los datos desvelados por la operación de la Guardia Civil contra una red de dopaje. Y hay nombres manchados. Ciclistas con apellido de hormona. El Tour echó el viernes de su carrera a los mejores: Ullrich, Basso, Vinokourov, Mancebo, Beloki.... Convirtió la prueba en un muñón. Carrera capada para buscar la salvación. En Francia aplaudieron. «Se abren las puertas para nosotros, los ciclistas franceses», acusó Moncoutié. Esa frase es un disparo contra los caídos. Balazo de gracia para reclamar el juego limpio. Es su bandera. Cuestión de fe. ¿Se ha terminado con la enfermedad? Ayer, los excluidos clamaban su rabia. Voces arrasadas. «¿Por qué a nosotros sí y a otros no?». El ciclismo es un paciente en estado terminal. Sólo la fe puede salvarlo.