LA Comisión Ejecutiva de IU ha decidido proponer al coordinador general, Jesús Iglesias, como candidato a la Presidencia del Principado en las elecciones autonómicas que se celebrarán el próximo año. Tras la designación de Ovidio Sánchez como cabeza de lista del PP, queda ahora desvelada la personalidad del candidato de IU. Los socialistas, por su parte, han iniciado formalmente el proceso interno de decantación de candidaturas.
Las decisiones de IU en Asturias tienen más trascendencia que las tomadas por esta formación política en otras comunidades autónomas, al tratarse de un partido que participa en el gobierno de la región. La designación de Jesús Iglesias ha causado una cierta sorpresa porque, sin menoscabo de su jerarquía interna, no parece que sea el dirigente de IU más capaz de disputarle el voto a los socialistas dentro del espectro de la izquierda. Aunque no se había avanzado ningún nombre para encabezar la candidatura, la propia dinámica del curso político hacía ver en Javier García Valledor el candidato natural de IU. La gestión del actual consejero de Justicia, de la que da prueba el satisfactorio traspaso de competencias recientemente realizado, y la habilidad para jugar un papel nítidamente político por encima del resto de consejeros del Gobierno, lo convertían en la principal referencia de IU ante la sociedad asturiana. Hasta tal punto es así, que el propio Jesús Iglesias, en sus primeras declaraciones como candidato, ha expresado su deseo de llevar a Valledor como número dos en la lista, como un aval de su propia candidatura. Puede que el destacado protagonismo alcanzado por Valledor en la escena política asturiana haya obrado en su contra al despertar recelos en el aparato de IU.
Jesús Iglesias y Valledor tienen en común el ser dos dirigentes del sector 'llamazarista', una corriente pactista dentro de IU que se ha ido configurando en oposición al sector que lidera Francisco Frutos, respaldado por el PCE. Esa cultura pactista tuvo una expresión más temprana en Asturias que en otras regiones, cuando en 1991 se alcanzó un primer acuerdo institucional en el Principado, que pronto quedó arrumbado dentro de la dinámica general de enfrentamiento que caracterizó el modo de relación de la formación liderada por Julio Anguita con el Gobierno de Felipe González. Pese a los magros resultados electorales, la vía abierta por Gaspar Llamazares, de convergencia entre las fuerzas de izquierda, es el precedente del actual Gobierno de coalición asturiano. Dentro de esas coordenadas políticas se mueven el coordinador general y el consejero de Justicia.
Tras abandonar el Ayuntamiento de Gijón, donde estuvo nueve años como concejal y portavoz de su partido, Jesús Iglesias accedió en el año 2000 a la coordinación general, optando por desarrollar un trabajo de perfil bajo, centrado en aspectos organizativos, de modo que la política de IU quedó en manos de sus cargos institucionales. Tras las elecciones autonómicas de 2003, IU pasó a la condición de partido de gobierno y el contraste entre la relevancia de su representación institucional y la dirección orgánica se hizo más acusado. El giro estratégico más sobresaliente de esta época es la apertura de IU hacia el espacio regionalista o nacionalista, que fue encabezado por Valledor. Las mayores fricciones con los socialistas al suscribir el actual acuerdo de gobierno vinieron por ese flanco.
La elección del cabeza del cartel electoral, en cualquier partido, suele estar condicionada por dos variables, los deseos del aparato del partido y las preferencias de la sociedad. Cuando una formación presenta un alto nivel de unidad interna, la decisión se orienta más a dar prioridad a la captación del voto, mientras que la existencia de tensiones partidistas hace que la lista se configure pensando en apuntalar el equilibrio orgánico. Fruto de su persistente declive electoral, a escala nacional, IU es un grupo en permanente controversia interna. Esto hace que cualquier decisión electoral se supedite a los condicionantes orgánicos.
Afronta IU el último año de legislatura en una tesitura complicada, porque los socialistas han decidido jugar fuerte para presentarse ante el cuerpo electoral como el partido que dirige la región sin la cortapisa de la alianza con IU. Lo sucedido con la elección de María Antonia Fernández Felgueroso para el cargo de Procuradora General es un aviso de lo que pudiera ocurrir cuando se proceda a la tramitación parlamentaria de la reforma del Estatuto de Autonomía. A todo ello hay añadir la polarización del debate nacional, en torno al PSOE y al PP, lo que puede acentuar la tendencia al voto útil en venideras citas electorales. El objetivo declarado de IU por lograr un mejor acuerdo entre las dos izquierdas para el próximo mandato ilustra sobre el aspecto en que se apoya toda la estrategia de IU: la ausencia de mayorías absolutas en la Cámara.
Ante este panorama, IU tiene que jugar muy bien sus bazas para defender la personalidad de sus planteamientos sin crear fricciones en el Gobierno. Pese a las críticas de algunos sectores de IU sobre el pacto con los socialistas, el mejor activo electoral del que dispone IU para comparecer ante las urnas son los logros de su acción de Gobierno. Desechar ese patrimonio y los dirigentes que lo encarnan sería un error.