600 personas procesionaron vestidas de luto riguroso el 10 de setiembre de 2004 desde la estación de Renfe hasta el Ayuntamiento. Lloraban la muerte de la música en directo en los bares de El Antiguo. De ese movimiento espontáneo surgió un colectivo, Oviedo No Suena, que un par de meses después era una asociación con 300 miembros y un nombre con omisión: Oviedo Suena. En la transformación tuvo que ver el Ayuntamiento. Para evitar protestas en la calle, cedió y concedió una subvención mensual de 1.320 euros a la asociación, que comenzó a organizar un concierto mensual en la sala Whippoorwill.
¿Qué fue mal? Casi dos años después del efervescente inicio, lo que apenas puede oírse es el nombre de la asociación. El 15 de diciembre de 2005, Kinki Machine, FMM y Los Energéticos cerraron los directos de Whippoorwill. En enero de 2006 finalizó la subvención otorgada por el Consistorio. Y después, ahora, nada.
«Íbamos a presentar un documento con nuevas propuestas, a pedir más dinero, pero al final no se hizo nada. La gente dejó de venir a las reuniones, de pronto dejamos de hacer cosas», explica Juan Gulías, presidente de Oviedo Suena. Insiste en que la asociación «no se ha disuelto oficialmente, está en 'stand by'». Achaca ese parón a que «ahora la gente no se queja, porque vuelve a haber conciertos».
En este comienzo de verano sumido en el bochorno, la música ha vuelto a El Antiguo con Las Terrazas del Paraguas y 'Nosepara'. Los primeros son unos hosteleros que programan conciertos sin amplificar de jueves a sábado en su plaza. Los segundos, un colectivo cultural compuesto por varios propietarios de bares que el 22 de junio hizo una muestra de arte urbano con 'dj session' en plena plaza del Sol y promete no dar tregua.
Pero el despertar empezó antes. The Posies actuaron un domingo de diciembre en Tribeca y llenaron. La Terremoto de Alcorcón cantó y bailó un viernes de mayo por la noche en La Santa Sebe. Tribuna Ciudadana dedicó al folk su 'Música con raíces' del Auditorio y Cajastur programó 'Música del siglo XXI' en su centro cultural. «En el fondo, parece que hemos conseguido un poco el objetivo que nos proponíamos, aunque no quiero decir que todo esto pase gracias a nosotros», indica Gulías.
En su opinión, «ha llegado el momento de la autocrítica». «Quizá no fuimos capaces de entusiasmar a la gente, pero también esperábamos más apoyo por parte de los músicos, porque esto era algo bueno para ellos, y sólo hemos recibido críticas y palos», reconoce el presidente. No tira la toalla: «Me gustaría retomar el proyecto de forma seria. El Ayuntamiento dijo que podrían volver a ayudarnos».
Todo empezó en San Mateo, hace dos años. «Las fiestas pueden ser un revulsivo otra vez, una buena fecha para volver a empezar...», augura Gulías, a la espera del 'renacimiento' de Oviedo Suena.