Román Suárez Blanco, presidente de Caja Rural de Asturias, fue ayer el encargado de inaugurar el verano en Valdediós. El sueño para el futuro del lugar monástico, al que considera «el espacio perfecto para sosegar las ideas en este mundo de prisas», fue sobre el que puso toda la fuerza de su pasión y de sus palabras, las primeras del cartel estival del Círculo Cultural de Valdediós.
Recordó el primer invitado del 'Programa de la palabra', miembro del Patronato de la Fundación Príncipe de Asturias, que el monasterio cisterciense «tiene una historia, como la de todos los monasterios, vinculada con las manifestaciones culturales a la custodia del saber en un tiempo, la Edad Media, en el que el conocimiento no estaba generalizado».
Añadió Suárez Blanco a ese pasado de tradición erudita, «de conservación de códices y saberes orales y escritos», una singular belleza, «que nadie puede poner en duda y todo el mundo ensalza» y, al sumar ambos conceptos, concluyó con el coeficiente necesario para «atraer a gentes interesadas en el debate de las ideas, personas que estén por el compromiso con la cultura y quieran escuchar, confrontar pensamientos y, finalmente, lograr devolver al mundo mejoradas las ideas debatidas».
Piensa el presidente de Caja Rural de Asturias en un Valdediós que puede ser el mejor «domicilio para la cultura», en un lugar, dice, que «ajeno a los localismos que no conducen a nada, permita la reflexión». Y 'Hablando de Valdediós', que así tituló su intervención, habló de «una sociedad imbricada de culturas que está necesitada de una apuesta común por el bien no sólo para Asturias, sino para el futuro del ser humano».
Una vez hecha la lista de bondades del lugar y de sus posibilidades, aseguró que Asturias vive «errática e indefensa en un escenario en el que España no parece tener muy claro su futuro y Europa está todo el tiempo dando vueltas en torno al mismo árbol». Y sobre ese argumento volvió a apostar por Valdediós, «donde se ha vivido como en un túnel del tiempo y donde se puede centrar parte de las importantes actividades que se producen en la región».
Pero no obvió Román Suárez Campo el siempre espinoso asunto económico, pues sin recursos nada de lo que él y otros muchos sueñan pudiera siquiera acariciar la realidad. En este sentido fue contundente: «Las empresas deben devolver parte de su excedente a la sociedad y este tipo de actividades, tan necesarias para el desarrollo humano, pueden ser el mejor objetivo».