Esprint significa codicia por un metro. Los velocistas saben que hay que llegar hasta el borde. Allí les aguarda un cuchillo que se sostiene al aire, en forma de valla. Un ventilador afilado. El público, ávido, se estira sobre ese balcón metálico. Saca una cámara que golpea sobre el hombro derecho de Boonen. El impacto ocupa la cara del belga, el favorito que se duele. De la valla brota entonces una mano verde, enorme, de coloso. Es un cartón con publicidad de PMU, la firma de apuestas de caballos. Al trote. Apenas un papel. Pero a casi setenta kilómetros por hora, se vuelve un bisturí. Taja el brazo derecho de Hushovd. Cinco centímetros de corte. Una fuente roja. Freire, al lado, se baña en ese surtidor.