Cuestión de números, siempre y en toda situación, para el negocio en dólares y cualquier cuenta de resultados, el Mundial de Fórmula-1 arrojó un dato sideral en Indianápolis. Michael Schumacher recortó en una carrera tantos puntos (seis) como Fernando Alonso había cobrado en tres certámenes, venciendo de calle (seis). El clima de euforia respecto al asturiano, su impecable trayectoria 2006, frenó en seco en este circuito maldito para él. Ni el campeón del mundo, ni el motor del R26 ni los neumáticos Michelin han cogido la onda al oval de las 500 millas. Ganó Schumacher con una mano, saludando, y a Alonso sólo le dio para acabar quinto. Y gracias.