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Lunes, 3 de julio de 2006
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FÚTBOL
 Actualizado: 1.06 a.m.
 
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ABATIDOS. Un grupo de aficionados congregados ante una pantalla gigante en Sao Paulo lloran tras la eliminación de Brasil. / EFE
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Los vencedores lo celebran mientras quienes pierden buscan explicaciones. Esta frase es válida para cualquier tipo de contienda, excepto cuando Brasil es uno de los rivales y la derrota se produce en una Copa del Mundo. Carlos Alberto Parreira hizo un llamamiento para mitigar la resaca de la eliminación ante Francia, pero el pueblo brasileño ha olvidado las actitudes compasivas. El técnico dijo que había que enterrar al muerto con dignidad. Admirable invocación, pero la opinión pública ha empezado a hacer recuento.
 
Partía como claro candidato para la final de Berlín. Era el campeón de 2002 y todos los dedos le señalaban como el favorito a la victoria final. Pero en el fútbol la ambición juega un papel fundamental. Y no se debe olvidar que algunos de los futbolistas que ya fueron campeones en el último Mundial se han encontrado con cuatro años más y menos velocidad, movilidad y, sobre todo, menos hambre de triunfos.
David Beckham ya no es el capitán de Inglaterra, algo más que un símbolo honorífico en la selección de los tres leones. Su dimisión al frente de los 'pross', anunciada por el madridista con lágrimas en los ojos poco antes de que los británicos dejasen ayer Alemania, es la primera consecuencia de la nueva eliminación en cuartos de final frente a Portugal.
LUIZ FELIPE SCOLARI SELECCIONADOR DE PORTUGAL
'Vencer o morir'. Este podría ser perfectamente el lema profesional del brasileño Luiz Felipe Scolari, un hijo de emigrantes italianos de la posguerra mundial que no reniega de los enérgicos métodos que le han guiado al éxito. A sus 57 años de edad, ha pulverizado todas las marcas. Conquistó el título como seleccionador de la 'canarinha' hace cuatro años, condujo luego a Portugal al subcampeonato de Europa y ahora ha metido a los ibéricos entre los cuatro mejores del universo por vez primera en los últimos 40 años. Desde la época del mítico Eusebio, Portugal no vivía algo así. Suma once victorias consecutivas en fases finales de la Copa del Mundo (doce si se contabiliza el triunfo por penaltis de Gelsenkirchen).
Zinedine Zidane, que volvió a ser mágico contra Brasil, el sábado en Fráncfort, donde hizo bailar la samba a Ronaldinho, Kaká y compañía, ya ha ganado la apuesta que se había fijado en Alemania: un Mundial fantástico en su despedida del fútbol. Los brasileños deben tener pesadillas con 'Zizou', ya que fue el culpable de sus dos últimas derrotas en mundiales.
 
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