Cinco meses después del crimen de La Coría el culpable aún no tiene nombre propio y apellidos y el esclarecimiento del caso depende, en buena medida, de una prueba de ADN. El pasado mes de enero, el cuerpo de Ronsindo Marqués Pinto, un joven de 32 años vecino de El Coto, apareció en las obras del enlace de la ronda Sur con la autovía minera. Tenía dos heridas en la cabeza y una en la espalda, hechas con una piqueta de obra de las utilizadas por los encofradores. Diez días después del homicidio, un hombre de 42 años con antecedentes por este mismo delito y su hermano fueron detenidos como autor y encubridor, presuntamente, de los hechos.
El juez les dejó en libertad con cargos al existir indicios pero no pruebas sólidas de su implicación en el crimen. F. C. N., el principal sospechoso de la Policía, se suicidó poco después. Le encontraron con una soga al cuello, colgado de una de las barandillas de la senda del Cervigón. Las pesquisas quedaron en punto muerto, al considerar los investigadores que el difunto era, supuestamente, la persona que había asesinado a Rosindo Marqués. Se siguieron realizando gestiones, pero siempre en esta misma línea.
El arma homicida, entre otros efectos, se envió a Madrid, a los laboratorios centrales de la Policía. Si los técnicos hallaban en la empuñadura el ADN de F. C. N. el caso estaría resuelto. Sin embargo, la prueba aún no se ha practicado, y las familias de los dos fallecidos, la víctima y su presunto asesino, siguen esperando una respuesta.
Al reconstruir las horas finales de vida de Rosindo Marqués, los agentes averiguaron que las últimas personas que le vieron con vida eran dos hermanos que pertenecían a su círculo de amistades. F. C. N. y P. C. N. admitieron en la Comisaría, tras ser detenidos, que habían salido de copas con el joven de El Coto y que habían tomado pastillas. Los sospechosos reiteraron, una y otra vez, que se separaron del difunto a media noche. Quince horas después, apareció su cadáver.
Un puzzle incompleto
Rosindo Marqués Pinto tenía antecedentes policiales por pequeños robos. En los meses previos a su asesinato había perpetrado varios hurtos en distintas obras del municipio. Su compinche era, presuntamente, según las sospechas policiales, F. C. N. De hecho, en su casa de La Tejerona, que fue registrada por orden judicial poco después de su arresto, se encontró material de obra que ambos habrían sustraído. Este hallazgo fue muy significativo para la Policía. Desde el mismo día del crimen de La Coría, los investigadores sabían que en el escenario en el que apareció el cadáver había signos evidentes de un robo frustrado.
Un depósito de combustible había sido manipulado, la ventana de una caseta estaba abierta, el maletero de un coche había sido forzado... Junto al cadáver aparecieron varios objetos que no eran propiedad de la víctima, entre ellos una novela titulada 'Memorias de Sherlock Holmes'. A Rosindo Marqués le asesinaron a traición, según reveló la autopsia. Recibió un primer golpe con el pico en la espalda y otros dos en la cabeza, uno en la frente y otro en la parte superior.
Vigilante o compinche
Estos datos iniciales establecieron dos hipótesis de trabajo. O la víctima fue sorprendida por una persona con acceso a la obra o un compinche que estaba robando con él le mató. Este segundo supuesto cobró peso a medida que los agentes encargados del caso profundizaban en la investigación. La declaración del testigo que situaba a los dos hermanos con Rosindo la noche antes del crimen y el hallazgo en casa de éstos de más material de obra robado convirtieron a F. C. N. en el principal sospechoso del crimen de La Coría.
Los funcionarios encargados de las pesquisas tenían encima de la mesa las piezas del rompecabezas, pero les faltaba, y aún les falta, la más importante, la que hubiera permitido la perfecta unión de todos los elementos y enviado a prisión a F. C. N. como autor del asesinato.
El caso permanecerá abierto al menos hasta que lleguen los resultados de ADN de Madrid. Si fueran negativos, la investigación comenzaría de cero y partiría de otra hipótesis de trabajo distinta a la que se mantiene en la actualidad. Por el momento, sólo se sabe que el endémico colapso que sufren los laboratorios centrales prolongarán la ya de por sí dilatada espera.