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Lunes, 3 de julio de 2006
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GIJÓN
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«No creo que fuera él»
La familia del joven asesinado recela de la hipótesis policial, urge todas las pruebas necesarias y pide nuevas líneas de investigación
«No creo que fuera él»
DOLOR. María Natalia Pinto, madre de Rosindo Marqués, con dos de sus hijos, Sergio y Fátima. / ROJAS
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La familia de Rosindo Marqués Pinto no levanta cabeza desde el pasado mes de enero. La brutal muerte del joven, la detención del supuesto asesino y su posterior suicidio les ha dejado tan desconcertados que su vida gira en torno a una llamada que nunca llega. La larga espera por las pruebas de ADN ha acabado de mermar sus fuerzas. «No hay derecho a que tarden cinco meses en hacer un análisis. Queremos saber si de verdad F. C. N. mató a Rosindo o si fueron otras personas. No nos valen las sospechas. Necesitamos pruebas». La voz de María Natalia Pinto, la madre del joven asesinado, sube de tono a medida que avanza la conversación. «¿Era mi hijo¿», clama para explicar su dolor.

Fátima y Sergio, dos de los hermanos del fallecido, consideran que la Policía debe abrir nuevas vías de investigación. «La gente comenta que los asesinos son dos y que andan sueltos. Muchas personas de las que paraban con 'Rochy' en un bar de la calle del Progreso no han dicho todo lo que saben. Los investigadores tienen que seguir preguntando. Tenemos el convencimiento de que nuestro hermano sabía algo que alguien no quiso que contara».

A los familiares de Rosindo Marqués les cuesta trabajo entender que el juez no enviara a prisión al principal sospechoso de la Policía. «Cuando estaba vivo, no había pruebas para meterle en la cárcel, pero nada más que se suicidó, todo el mundo le señaló como el asesino. Yo creo que la presión a la que fue sometido le llevó a quitarse la vida, aunque no creo que él matara a mi hermano», señala Fátima.

«Mi hijo no era un santo, pero era un buen chaval que no le hacía daño a nadie, sólo a sí mismo. Tomaba tranquilizantes y bebía cerveza. La mezcla le sentaba fatal. Llevaba enfermo algún tiempo y cometía pequeños robos cuando se ponía mal. Lo que más me duele es que si hubiera sido un ladrón de corbata, ya se sabría quién le mató», lamenta la madre de la víctima.

Los hermanos del joven siguen realizando indagaciones en los círculos en los que se movía Rosindo. «Llevamos a mucha gente a declarar a la Comisaría poco después de que apareciera el cadáver. La Policía tiene que abrir otras vías de trabajo. Un día antes de que 'Rochy' muriera, alguien sospechoso llamó a casa. Mi madre se extrañó, le dio mala espina. Hemos pedido mil veces que se investigue esa llamada, pero seguimos en el mismo sitio donde empezamos», asegura Sergio.



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