SIEMPRE que se habla sobre el uso del asturiano tengo la misma impresión: parece rascarnos el alma. O sea, una sensación parecida a cuando alguien nos importuna y le acabamos gritando: ese tema ni me lo toques. Y es curioso porque a otros signos identitarios de nuestro paraíso natural no les ponemos ni mucho menos tantos problemas. ¿Vemos acaso mal la sidra o a la Santina? Pues no, todo lo contrario, ¿verdad? Cuando televisan cualquier evento deportivo, ora sea fútbol, ora Fórmula-1; ¿no se muestra siempre una bandera asturiana por algún sitio? ¿No está presente una banda de gaitas en cualquier acontecimiento social sea éste una boda o un acto oficial? Ahora bien, al asturiano, a nuestra llingua, no le damos por desgracia el mismo 'estatus', ni siquiera parecido. Cada vez que se habla de ella, lo hacemos con un cierto tono de desdén, con desprecio, como diciendo: esto no es nuestro. Y, sin embargo, lo siento por quien no lo piense así, pero lo es tanto como todo lo anteriormente mencionado. Es tan inventada como nuestra bandera, tan antigua como una gaita y tan degustado por nosotros como lo puede ser una buena sidra; pero...
Digo lo anterior porque, a pesar que uno ya tiene la piel curtida de estas cosas, no dejan de asombrarme ciertas respuestas que se vertieron en estas mismas páginas ante la pregunta, ¿qué le parece la campaña de promoción del asturiano iniciada por nuestro Ayuntamiento en el sector de hostelería? Campaña, por cierto, de lo más inocente, porque si alguien se alarma por repartir unos cuantos carteles y manteles en asturiano, ¿qué opinará cuando abra el buzón y vea una famosa revista de autobombo municipal? Pero, en fin, lo que me gustaría comentarles son, como ya les dije, algunas reflexiones que se dijeron, por discutibles, y un poco, si quieren, llenas de los prejuicios de siempre. Ejemplos. «No estaría del todo acorde con un enfoque de seriedad el utilizarlo». No sé, como si éste fuese cosa de broma, o Jovellanos un cachondo de muerte por apreciar y querer al asturiano, o su hermana una divertida poetisa por utilizarlo. «Poner la carta en asturiano sólo serviría para entorpecer. Sería más útil ponerlas en inglés o alemán»; y, ¿por qué no en chino? Al fin y al cabo, lo hablan más de mil y pico millones de personas. Si estamos hablando de ojo comercial, en chino, se acierta seguro. «Porque hay mucha gente de fuera y puede que no entiendan las cosas». Hombre, pues preguntan y ya está; ¿son acaso los turistas mudos o tienen algún tipo de retraso mental que les impide pedir explicaciones? ¿No es la singularidad, esto es, el que vean algo diferente lo que atrae precisamente a los visitantes? ¿Creen ustedes que por poner 'homes' o 'muyeres' alguien se va a confundir de mingitorio cuando estamos acostumbrados a ver monigotes ininteligibles a la puerta de los mismos? «A veces ni siquiera nos entendemos entre nosotros mismos». Clon, clon; lo siento, pero fueron mis testículos que se cayeron al suelo.
Hay que decir, en honor a la verdad, que también hubo gente que dijo cosas como: «es una manera de demostrar nuestra cultura», o «usamos mucho la bandera, pero nos falta defender más el bable». En fin, como ya les dije al principio, el asturiano nos rasca el alma, nos produce filias y fobias como ningún otro signo identitario lo ha hecho jamás. No quiero ni pensar, ahora que se está hablando de reformar el estatuto, que éste se haga cooficial. Habrá quien, como San Juan, pronostique un apocalipsis de dimensiones épicas. No sé, habrá quien diga seguro que producirá lesiones pulmonares irreversibles en generaciones de asturianos por usar mucho la 'x', o que estos no sabrán andar por el mundo ya que de repente se volverán paletos, o que les acabará saliendo algún tipo de sarpullido parecido al sarampión... Y, ¿saben lo que pasará si eso sucede algún día? Pues nada, no pasará absolutamente nada.