Los alumnos normalmente reciben enseñanzas de mayores. En el Instituto de Enseñanza Superior Pando este curso ha sido diferente. Los más jóvenes se han convertido en profesores. Daniel Bengoa tiene 18 años y ya ha dado clase a personas con más de 40. «Ellos aprendieron, y para nosotros eso ya fue suficiente», dice satisfecho. Él era el 'líder' de los 16 alumnos que ha participado en el taller 'Conecta joven', una iniciativa pionera en la región impulsada por la oenegé Asociación Comisión Católica Española de Migraciones (ACCEM) y coordinada por la fundación catalana Esplai.
En el proyecto desarrollado entre marzo y junio participaron jóvenes de entre 16 y 18 años de todo el país, y en Asturias el IES Pando ha sido el único en el que se ha puesto en marcha. El lunes recibieron, tanto alumnos como profesores, los certificados que acreditan que han pasado de curso.
Bengoa es el mayor del grupo y se estrenaba en un programa de voluntariado: «Nos lo ofrecieron en el centro y me pareció muy interesante. No me quitaba mucho tiempo y además ayudaba a la gente». Los resultados académicos no han sido brillantes, pero ha sido todo un descubrimiento para los organizadores. A Daniel le ha servido de motivación y la asociación ha cumplido uno de los objetivos que persigue con el taller: crear una «cantera» de voluntarios. Además han puesto en contacto a colectivos que normalmente no lo están, como son los jóvenes con los adultos, señala el dinamizador de ACCEM en Oviedo, Juan Luis Fernández Gallo.
Los alumnos de Pando están ahora preparados para formar, en este caso en informática, a personas que acudan a la oenegé con esta necesidad. Recibieron una formación pedagógica sobre cómo preparar una clase o cómo dirigirse a los mayores. Parece que el proyecto ha dado resultado.
Gema Palacios participó en el taller como alumna y reconoce el buen trabajo de sus profesores. «Aunque había gente que no sabía nada y otros que sabían un poco, los chavales consiguieron ponernos a todos a un mismo nivel». Ella es limpiadora del centro, y junto con otras dos compañeras, se animaron a asistir a clases de informática dos días a la semana. «Ahora por lo menos sé entrar en el ordenador y moverme un poco con el ratón», dice Victoria Gorospe, después de pelearse con una computadora para poner la clave y poder iniciar la sesión.
De hijos a padres
Además de ellas, asistieron padres de los alumnos del Instituto. María Caunedo coincidió con su madre como alumna de informática, aunque en su caso no tuvo que darle clase. Algunos de ellos continuarán su formación en servicios municipales, como el Cibercentro de La Lila.
El coordinador del programa resaltó el éxito de la iniciativa, pensada en principio para setiembre, pero que se adelantó a marzo por la propia insistencia de los alumnos. Gloria Ferrari es la responsable de la asociación de padres de alumnos y está orgullosa de la respuesta obtenida: «Lo planteamos y a la semana ya estaba funcionando».
En setiembre, el programa volverá al centro. ACCEM intentará que más institutos de la región se involucren en esta iniciativa. En verano, tres de las alumnas de Pando darán clases de informática, pero esta vez fuera del centro. Será en las instalaciones de la oenegé y a un grupo de inmigrantes. «Todo un reto», apunta Fernández.