LA FSA va a abrir un expediente disciplinario al ex concejal ovetense Avelino Alonso, que reclama un candidato de consenso a la alcaldía de la capital o la celebración de elecciones primarias. Alonso encabeza el nuevo sector crítico de los socialistas ovetenses, en oposición al responsable local, Alfredo Carreño. La AMSO es una agrupación que no sabe lo que es la estabilidad, así que al acercarse las elecciones salen a la superficie las fricciones. La diferencia entre la situación actual de la agrupación ovetense y las discrepancias del pasado reside en que en estos momentos los socialistas juegan un papel marginal en la ciudad. Cuando el alcalde de Oviedo era Antonio Masip, en la AMSO también había follones, alguno de ellos verdaderamente espectacular, con Celestino Suárez de responsable orgánico, pero el PSOE era el partido más votado. Ahora vuelven las desavenencias a la AMSO, cuando los socialistas carecen de apoyo social y sus expectativas electorales son más que reducidas. En Oviedo nadie especula con el nombre del político que será investido como alcalde tras las próximas elecciones. Eso no ocurre ni en Gijón ni en Avilés. Los socialistas no logran inquietar a Gabino de Lorenzo ni con la ayuda de IU.
Carreño lleva casi dos al frente de la AMSO, en los que ha dado pruebas de prudencia y mesura. Pero los socialistas ovetenses necesitan algo más que un dirigente moderado para invertir la situación. Lo primero que hace falta es romper la indiferencia social, y para ello es preciso ser conocido por la ciudadanía. No cabe competición electoral con un aspirante que es identificado por el cien por cien del electorado y otro que provoca extrañeza.
Soy consciente de que los socialistas barajan la posibilidad de aplicar un 'plan b', consistente en buscar un cabeza de lista conocido, dejando para Carreño el liderazgo interno. No creo en esas tácticas. Hacerse un hueco en una ciudad de 200.000 habitantes no es tan difícil si se tienen algunas ideas claras y se actúa sin complejos. Es precisa la unidad en la AMSO, aunque no basta con el apoyo del partido para ganar la partida. De Lorenzo tiene montado un sistema de poder, pero también lo tenía Berlusconi en Italia y ahora el presidente es Prodi.