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El Museo Jovellanos recuerda la faceta caricaturista de Marola
El Museo Jovellanos recuerda la faceta caricaturista del pintor gijonés, del que se cumple su primer centenario, en una exposición que exhibe parte de la colección del Bellas Artes
El Museo Jovellanos recuerda la faceta caricaturista de Marola
CARTELISMO. Uno de sus primeros trabajos como ilustrador publicitario. / REPRODUCCIONES PABLO NOSTI
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La nariz sobresaliente, la frente ancha o mínima, el bigote definitorio, la delgadez extrema, la barriga vacilante, las lentes, las ojeras, el peinado o la boca. Todo le valía a Marola, más que para retratar, para describir a sus personajes con trazos de caricatura. Sabía el gijonés, del que ahora se cumple el primer centenario de su nacimiento, dar cuenta del paisanaje de Asturias y del resto del mundo -no había límites para sus tintas- con la precisión de un psicólogo. De hecho, los expertos miran con tanto o más interés su obra gráfica que sus paisajes sobre lienzo. Desde ayer y hasta mediados de setiembre, esa mirada puede ampliarse a todo el que quiera pasearla por el Museo de Gijón-Casa Natal de Jovellanos, donde se rinde homenaje a quien en 1905 nacía en el barrio del Natahoyo (aunque siempre se consideró de La Arena) con el nombre de Manuel Rodríguez Lana.

Gobierna en las paredes de la sala elegida para el homenaje, inaugurado ayer por la alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso, una serie de retratos gráficos en los que, a fuerza de exagerar las características de sus propietaros, Marola logra casi una radiografía de sus personalidades. Es una selección de la colección de más de 200 caricaturas del gijonés que el Museo de Bellas Artes de Asturias guarda celosamente entre sus fondos y que ahora muestra en el Jovellanos para recordar al creador, cuya vida terminó un día de febrero de 1986.

En un apartado más pequeño, muestra el Museo de Gijón la faceta de cartelista de Marola. Dentro de una vitrina, junto a bocetos de dibujos y ejemplares de prensa, se exhiben varias pequeñas muestras de ilustraciones publicitarias en las que suma a la facilidad de dibujante sus conocimientos de pintura. Los primeros trabajos como cartelista fueron realizados en los años veinte para la marca de sidra Zarracina. Fue, como recuerda la exposición, el ilustrador de sus campañas promocionales.

A punto de entrar la década siguiente, Marola se traslada a Madrid y allí se convierte en colaborador gráfico de un semanario. Pero le dura poco la aventura capitalina. A los cuatro años vuelve a Gijón y ya no para. Comparte páginas en la prensa local con gentes como Aurelio Suárez o Alfredo Truan. Sólo la guerra civil interrumpe sus caricaturas y sus carteles.

Personajes de una época

Marola llegó a retratar a los más ilustres asturianos. Los políticos, los literatos y los artistas, sobre todo los actores de teatro, eran sus favoritos. Pero esta exposición demuestra que para sus dibujos no había fronteras territoriales y sí un evidente interés por los acontecimientos que estaban haciendo historia. Así en el Museo Jovellanos se pueden encontrar caricaturas de miembros de la Compañía Asturiana de Comedias, frente a gentes como Benito Mussolini, Adolf Hitler o Manuel Azaña, que enmarcan el momento socio-político que le tocó vivir.

Unos y otros personajes eran representados del modo más variado. No era Marola un creador de caricaturas con estructura unitaria. A unos personajes les dibujaba de perfil, a otros de frente, con el cuerpo completo o sólo su cabeza. Todo dependía de dónde estaba el elemento que el retratista quería destacar. Eso sí, todos los retratos muestra una absoluta economía de medios, la búsqueda constante del máximo partido de una línea. Esto, cuentan expertos como Rosa Quirós, le diferencia de otros caricaturistas, como por ejemplo, Evaristo Valle, que gustaba de reflejar mucho más detalle de sus personajes, además de ofrecerles siempre de cuerpo entero.

Recordaba ayer Lucía Peláez, directora del Museo Jovellanos, al abrir la exposición, que «antes del Marola pintor, ampliamente difundido en los años sesenta y setenta del siglo pasado, existió un espléndido dibujante que desarrolló una intensa actividad en torno a los años de la Segunda República».

Rescatar el arte gráfico

Por su parte, Emilio Marcos Vallaure, director del Bellas Artes de Asturias, también partícipe del acto inaugural, habló del «lenguaje moderno» del creador, de cómo rompió con sus trazos el academicismo de sus tiempos. Pero no sólo se refirió Vallaure a las caricaturas de Marola. Recordó en su intervención las 2.000 piezas que custodia su museo y la necesidad de catalogarlas y sacarlas a la luz, algo que se irá haciendo con la colaboración del Museo Jovellanos, «que permitirá el estudio conjunto de todo el patrimonio que tiene Asturias en arte gráfico».



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