I mpacientes. La primera tanda de asturianos que viajó ayer con la Diócesis de Oviedo no veía la hora de subirse al autobús y comenzar su peregrinaje. A las ocho de la mañana, trece largas horas les separaban de Valencia. Y aún debían esperar algunas más para conocer al Pontífice. Ilusionados y nerviosos, decidieron hacer de su fe la mejor aliada para el viaje. Hubo rezos, canciones y hasta una conexión telefónica -a través de un manos libres- con el arzobispo de Oviedo, Carlos Osoro, quien se ganó una larga oleada de aplausos al desear «un buen viaje» a todos los peregrinos.