C uantes promeses traxeres /con aquella primavera / y marcharon col verano. / Llévome la vida entera / regresar a la to vera / y a los fayeos de mayo. La pequeña Eva leyó los versos en asturiano grabados en una placa y la congregación rompió a llorar. Era difícil evitar las lágrimas aunque hubiera niños delante y muchos quisieran aparentar normalidad. No la había, había tristeza y mucha. Fue ayer durante el homenaje tributado a los músicos Carlos Redondo e Igor Medio que murieron en accidente de tráfico en Álava, el pasado 24 de junio. La niña que conmovió a todos con su lectura era la hija de Carlos. Guillermo, su hermano, la miraba con admiración mientras leía porque la inocencia hace esas cosas y sirve de coraza. Sara, la madre, los observaba con el llanto contenido.