La caja fuerte estaba recubierta de cemento, incrustada en la pared del armario de la habitación principal. Guardaba una cantidad de dinero «no muy elevada», documentos y sellos. Los ladrones hicieron añicos las puertas del vestidor y arrancaron de cuajo el valioso botín. Cogieron una manta de la cama y lo arrastraron por el suelo hasta la ventana. Consiguieron subir la caja a una mesita y, desde ahí, la lanzaron al jardín. Antes habían colocado sobre la hierba un colchón para amortiguar el impacto y, sobre todo, evitar ruidos. Ya fuera de la casa, la cargaron en el coche que habían introducido en el jardín tras forzar el portón y desaparecieron sin dejar rastro.
Ni Fernando, ni su mujer ni sus cuatro hijos estaban en su casa de Somió en la madrugada del lunes. A la hora que se produjo el asalto, sobre la una, dormían plácidamente en un pueblo del Oriente asturiano. La llamada de la Policía sacó de la cama al matrimonio, que emprendió el regreso a Gijón de inmediato. A su llegada, encontraron su colchón y la ropa de cama en el jardín, dos ventanas forzadas, una del primer piso y otra del superior, y la puerta de acceso a la finca abierta. Les esperaban varios policías y una vecina, la persona que dio la voz de alarma al ver a dos desconocidos con una caja fuerte a la espalda por el jardín de Fernando y Maryory.
La Policía estableció un dispositivo de localización alrededor de la casa, de Somió y del municipio, pero los asaltantes desaparecieron en un pequeño coche oscuro sin dejar ningún rastro. Poco antes, varios funcionarios habían realizado un control rutinario en la zona. La inspección ocular que realizaron ayer por la mañana los agentes del área científica tampoco ha dado, a priori, los resultados esperados. No se han podido localizar huellas en la casa, ni siquiera pisadas. La única testigo de los hechos no pudo ver el rostro de los ladrones, pero sí se fijó en un detalle: llevaban guantes de látex, como los que usan los médicos. Por su aspecto, le parecieron extranjeros, probablemente ciudadanos del Este.
Horas antes del robo, una desconocida llamó al timbre para saber si vivía en el chalé una mujer llamada Argentina. Ni en la casa que sufrió el asalto ni siquiera en la urbanización había nadie con ese nombre, así que la niña de 13 años que cogió el teléfono del micro respondió con una negativa. Los investigadores sospechan que la interlocutora era una 'controladora', es decir, una persona que forma parte de la banda de asaltantes cuya misión es detectar si el chalé fijado como objetivo está ocupado o no.
Aunque no dejaron huellas, los destrozos causados por los delincuentes han permitido concretar su modus operandi. Escalaron hasta el segundo piso de la casa, rompieron una ventana y bajaron por las escaleras hasta el piso de abajo. En el camino, se dieron cuenta de que la alarma estaba conectada y de que serían detectados si cruzaban el salón, así que se dieron media vuelta y salieron del chalé, pero no para desistir de su empeño. Rompieron una ventana del piso de abajo, la del baño del dormitorio principal, y volvieron a penetrar en la vivienda. Fueron directos a la cómoda y las mesitas. Encontraron numerosas joyas, pero siguieron buscando en el armario, hasta encontrar la caja fuerte.
Fernando García y Maryory Oropeza viven en Gijón con sus hijos desde hace tres años. Se mudaron a Somió hace 10 meses. «Dejamos Venezuela para olvidar aquel infierno de delincuencia, pero aquí no hemos encontrado la paz», lamentaba ayer el matrimonio. Fernando sufrió «decenas de asaltos a punta de pistola, pero siempre en el negocio. La casa es otra cosa». Este asturiano emigrado a Caracas teme que, «si las cosas siguen como hasta ahora, España se convertirá en un país tan peligroso como del que yo vengo. Ví cómo fue el proceso allí, y se están repitiendo los mismos hechos».
Detenciones en Vizcaya
La alarma vecinal por estos hechos llevó al delegado de Gobierno a anunciar un refuerzo en la vigilancia de la zona, aunque continúan los robos. En las últimas semanas, se han registrado otros tres asaltos en Somió (uno de ellos, un robo con intimidación), uno en Veriña y otro en Serín. Y siguen sin esclarecerse la quincena de asaltos perpetrados por una banda organizada el año pasado en distintos puntos de Asturias.
Sin embargo, la Policía ha podido detener en Vizcaya a una banda argelina relacionada con unos 200 robos en viviendas del País Vasco y Navarra,así como de Cantabria y Asturias. Por ahora se descarta que se trate del mismo grupo que actuó en el Principado el verano pasado, según informó la Comisaría de Gijón.