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Sábado, 8 de julio de 2006
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De la 'guerra de rescate' a la 'guerra de castigo'
MAÑANA hará dos semanas que un comando palestino capturó en suelo israelí al cabo Gilad Shalit en una operación en la que murieron otros dos militares judíos. Y en esas dos semanas la vasta operación de rescate desencadenada por el gobierno Olmert ha pasado de una 'guerra de rescate' a una 'guerra de castigo'. Olmert y su bisoño ministro de Defensa, Amir Peretz, optaron por un discurso muy duro basado en la premisa de que «nunca negociarían con terroristas», aunque dieron un par de días de margen a una mediación egipcia en marcha y cuando los llamados 'Comités de Resistencia Popular' pedían a cambio la liberación de muchos presos palestino, empezando por mujeres y menores de edad.

La versión inicial de que la operación terminaría en cuanto fuera liberado Shalit y de que de ningún modo se trataba de recupar Gaza ha sido abandonada de hecho porque ya hay operaciones en Cisjordania y unos 50 palestinos han muerto. Y, además, se está creando una densa zona-tampón en el norte de la banda para impedir el lanzamiento de cohetes artesanales 'Kassam'. Uno de ellos, de radio de acción muy ampliado, cayó en la ciudad de Ashkelon, muy lejos de la frontera, y, aunque no causó víctimas, sí produjo una profunda impresión en Israel.

La expresión 'castigo colectivo' infligido al pueblo palestino tras la captura del cabo Shalit no es un recurso de la oratoria pro palestina y fue utilizada por el secretario general de la ONU, Kofi Annan, quien pidió su final. Como la resolución de condena votada el jueves por la flamante Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, que por 29 votos contra 11 deploró la invasión y anunció el envío a Gaza de un equipo de verificación encabezado por el respetado John Dugard. Siempre en la ONU, Qatar, único estado árabe ahora en el Consejo de Seguridad, introdujo un borrador de resolución de condena sin posibilidades reales de prosperar por la oposición de Washington, que manifestó su disposición a vetarla, como de costumbre cuando se trata de proteger a Israel.

La situación se ha complicado gravemente por la conducta severísima del Gobierno israelí que, súbitamente, resolvió no negociar un intercambio de prisioneros, lo que ha hecho en el pasado cuando lo ha creído útil. De hecho, el público dista mucho de compartir este criterio del Gobierno. Un sondeo del diario 'Yediot Aharonot' mostraba que un 54% de los israelíes eran críticos con su Gobierno y hubieran preferido la negociación.



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