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Domingo, 9 de julio de 2006
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CONTRAPORTADA
MANUEL ALCÁNTARA
Al margen
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EL Gobierno acusa a Rajoy de situarse «al margen del sistema democrático» y le llama «insumiso», cosa que no se sabe si es un dicterio o un elogio. ¿Cómo se llevan tan mal personas que comparten la misma vocación y las mismas aspiraciones? ¿Ignoran quizá que se necesitan mutuamente?

Es como si el Real Madrid o el Barcelona se descartaran el uno al otro. Sólo conseguirían que la Liga tuviera menos interés. Si se rompe la baraja se acaba la partida y si un líder le niega la legitimidad al otro se terminan los partidos.

Hace tiempo que una variante de gripe aviar ha irrumpido en el corral de la política española. El virus hace que se picoteen unos a otros durante el tiempo que debieran emplear en mejorar la vida de todos.

Un verdadero derroche en el que consumen el 90% de sus presuntas energías. Se comprueba que los españoles mejores no son los que sienten una imperiosa inclinación que les lleva a dedicarse a la nobilísima tarea de la política.

En cualquier otra faceta de la vida nacional se da una talla más alta. Hace muy poco, una encuesta reveló que somos, tras Dinamarca, el país de Europa donde se valora más el sublime sentimiento de la amistad. Nuestros compatriotas confiesan tener, unos con otros, una media de nueve amigos. ¿Qué riqueza!

Entendida la amistad como un efecto puro y desinteresado, tiene la ventaja de que no hay que cultivarla, ya que no se trata de una lechuga, sino vivirla.

Como se sabe, hay amigos, conocidos y saludados, pero no hay que equivocarse. Lo dijo insuperablemente el gran Jorge Guillén: «Amigos. Nadie más. El resto es selva».

No le podemos pedir a los que habitan la jungla política que se tomen juntos los gin-tónic, pero sí que no se tomen tantos disgustos. Deben hacer las paces.

Más que nada para dejarnos vivir en paz.



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